Thomas Piketty advierte el ocaso de la hegemonía de EE.UU. y perfila un nuevo orden económico global

A más de una década de sacudir el debate económico con su obra cumbre El capital en el siglo XXI, el economista francés Thomas Piketty vuelve al centro del análisis internacional con un diagnóstico categórico: los niveles de desigualdad económica actuales no solo han alcanzado o superado a los que detonaron la Revolución Francesa, sino que el eje del poder mundial está experimentando una fractura irreversible. Para el investigador, el nerviosismo que domina hoy los pasillos de Washington responde a una realidad ineludible: Estados Unidos está perdiendo progresivamente el control sobre la economía global.
A través del Proyecto de Justicia Global, un informe formulado por el Laboratorio de Desigualdad Mundial de la Escuela de Economía de París, Piketty sostiene que el modelo hegemónico centrado en el dólar ya no corresponde al peso real de la producción estadounidense. Con una participación en el Producto Interno Bruto (PIB) global en constante retroceso, resulta inviable sostener un esquema monetario donde una sola nación monopoliza las reservas mundiales a costa de abultados déficits comerciales y desequilibrios crónicos. Frente a esto, las posturas de fuerza o los discursos tecnonacionalistas —como la agenda de Donald Trump enfocada en presionar militar y comercialmente para captar hidrocarburos— representan, a juicio del economista, síntomas de debilidad y desesperación más que muestras de fortaleza.
Hacia una moneda común y el fin del veto financiero
Entre las transformaciones estructurales más urgentes planteadas en la investigación destaca la creación de una moneda internacional alternativa, anclada a una canasta de divisas representativa que incorpore a potencias emergentes como China, India y Brasil, junto a Estados Unidos. Piketty proyecta que en los próximos 10 a 20 años el peso económico estadounidense en organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI) caerá por debajo del 15%, umbral reglamentario que hoy le otorga poder de veto exclusivo sobre decisiones críticas, como la emisión de Derechos Especiales de Giro (DEG).
Asimismo, el plan aboga por consolidar un impuesto universal a los multimillonarios, una iniciativa que ya comenzó a ganar tracción diplomática en foros multilaterales como el G20 con el impulso de Brasil y Sudáfrica. Dado que los consensos unánimes suelen paralizar las reformas en organismos tradicionales como la ONU o las cumbres climáticas, Piketty propone avanzar mediante «coaliciones incompletas»: bloques de naciones del Sur Global dispuestas a aplicar reglas de justicia tributaria y redistribución por mayoría cualificada, prescindiendo del visto bueno de las potencias reticentes.
El repliegue de la izquierda y el desafío del Sur Global
El economista también ofrece una severa autocrítica sobre el tablero político contemporáneo, señalando que la socialdemocracia tradicional abandonó la agenda de redistribución estructural para abrazar la desregulación de mercados y los intereses corporativos. Este vacío ideológico facilitó el auge de opciones nacionalistas y radicales de derecha, que capitalizan el descontento de la clase trabajadora canalizándolo hacia disputas identitarias y el endurecimiento de fronteras, sin ofrecer soluciones reales a la crisis climática o a la precariedad laboral.
A pesar del complejo panorama, Piketty mantiene una postura optimista basada en la historia de las conquistas sociales. Afirma que los grandes avances de la modernidad —desde el sufragio universal hasta los sistemas de pensiones y salud pública— surgieron tras momentos de profunda ruptura política. La transición hacia un orden multipolar más equitativo, impulsada por las demandas de soberanía y financiamiento climático de los países en desarrollo, parece inevitable frente al agotamiento del modelo actual.