Abandonados en bolsas cuando eran bebés: la conmovedora historia de tres hermanos que se reencontraron décadas después

Durante décadas, la incógnita sobre sus orígenes marcó la vida de David McBride. Criado en el seno de un hogar afectuoso en Belfast, Irlanda del Norte, David siempre supo que era adoptado. Sin embargo, no fue hasta sus 15 años, al gestionar un certificado de nacimiento para ingresar a las fuerzas armadas, cuando constató que su pasado era una hoja en blanco: no figuraban nombres de progenitores ni datos concretos sobre el día o lugar exacto de su llegada al mundo. Había sido abandonado en el asiento delantero de un vehículo sin seguro, arropado y dentro de una bolsa.
En una sociedad profundamente marcada por el conservadurismo religioso, los embarazos fuera del matrimonio eran duramente censurados, orillando a muchas mujeres a ocultar su maternidad. David emprendió durante años una búsqueda incansable a través de archivos hemerográficos y testimonios, aunque sin mayores certezas. La respuesta definitiva llegó de la mano de la ciencia: tras someterse a una prueba genealógica de ADN, descubrió la coincidencia con una mujer que compartía su misma sangre y una historia prácticamente calcada.
Lazos unidos por la casualidad
Aquella coincidencia genética correspondía a Helen Ward. Con una diferencia de siete años con respecto a David y localizada en su momento al otro lado de la frontera irlandesa, Helen también había sido hallada en su infancia dentro de una bolsa colocada en una cabina telefónica. Al igual que con David, la persona que la dejó se aseguró de dejarla abrigada y con un biberón caliente, detalles que evidenciaban cuidado en medio de la desesperación.
Al encontrarse cara a cara, ambos comenzaron a reconstruir el rompecabezas familiar. Sus pesquisas revelaron que sus padres sostuvieron un romance secreto durante más de cuatro décadas. Se trataba de una relación prohibida para la época: él era un director de orquesta casado y de fe protestante en Dublín; ella, una joven católica proveniente del campo irlandés. En un contexto de fuertes tensiones sectarias y morales, la unión representaba un tabú imposible de asumir públicamente.
La aparición del tercer hermano
El desenlace de esta historia reservaba una revelación adicional. Helen recordó un antiguo recorte de prensa que mencionaba el hallazgo de otro recién nacido en 1965, también dentro de una cabina telefónica y en circunstancias idénticas. Tras hacer pública su experiencia, una joven desde Australia reconoció las similitudes con la historia de su padre, John Dowling.
Los análisis confirmaron que John era el hijo intermedio de la pareja. Aunque sus padres biológicos ya habían fallecido al momento de conocerse la verdad completa —su madre murió a los 90 años—, los tres hermanos lograron cerrar un ciclo de incertidumbre que duró más de medio siglo, transformando el dolor del abandono en un testimonio de reencuentro y comprensión mutua.