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Alerta en Centroamérica: El Niño asfixia el Corredor Seco y deja a millones al borde de la hambruna

Publicadolun, 28 sept 2026, 10:45 a. m.
Alerta en Centroamérica: El Niño asfixia el Corredor Seco y deja a millones al borde de la hambruna

El impacto del fenómeno de El Niño, combinado con los efectos directos del calentamiento global, ha sumido al Corredor Seco centroamericano en una de las crisis humanitarias y agrícolas más severas de su historia reciente. En comunidades rurales que se extienden desde Guatemala y Honduras hasta El Salvador y Nicaragua, los caudales de los ríos han desaparecido, los pozos comunitarios se agotan a un ritmo alarmante y los campos de cultivo lucen convertidos en páramos de polvo.

Los registros meteorológicos señalan que el actual episodio de El Niño se posiciona entre los más agresivos documentados desde 1900. En el sur de Honduras, agricultores de subsistencia como Juan Estanislao Muñoz, de 61 años y residente en la comunidad de Las Chácaras, departamento de Choluteca, enfrentan una realidad desoladora tras perder por completo la primera siembra del año. La falta de pastizales y de agua potable no solo impide preparar la tierra para el ciclo de postrera, sino que está diezmando al ganado, que agoniza por inanición y deshidratación.

Un golpe devastador a la seguridad alimentaria

Estimaciones del Programa Mundial de Alimentos (PMA) revelan que solo en Honduras la cifra de personas en inseguridad alimentaria podría escalar rápidamente de 1.4 a 1.9 millones debido a la escasez hídrica. A escala centroamericana, el organismo calcula que al menos 4.2 millones de ciudadanos corren el riesgo de no tener suficiente comida en la mesa, mientras que a nivel global el fenómeno amenaza con empujar a casi 50 millones de personas adicionales a una situación alimentaria crítica.

Frente a este escenario, los organismos de ayuda y las autoridades locales han desplegado medidas anticipatorias que abarcan transferencias monetarias de unos 150 dólares mensuales y raciones alimentarias para cientos de miles de familias vulnerables. Sin embargo, en localidades como San Lorenzo, en el departamento hondureño de Valle, testimonios de residentes como Lidia Ochoa y Darwin Cruz retratan la crudeza cotidiana: familias que sobreviven con apenas una tortilla al día y pequeños ganaderos obligados a malvender o ver morir sus últimas vacas productoras.

Colapso encadenado y desafíos a largo plazo

El deterioro no se limita a Honduras. En El Salvador, municipios como El Matazano han visto secarse reservorios que antes abastecían a decenas de hogares y servían para proyectos de piscicultura de tilapia, mientras que en regiones indígenas de Guatemala líderes comunitarios advierten pérdidas casi totales en la producción de maíz. Informes de organizaciones humanitarias que evaluaron 58 municipios de la región indican que casi el 80% de los hogares que sembraron maíz este año perdieron entre el 75% y el 100% de su cosecha.

Esta catástrofe climática desencadena una peligrosa secuencia: a la pérdida agrícola le siguen el endeudamiento de las familias, la reducción de remesas por el retorno de migrantes deportados sin capital y un estrés severo sobre los centros de salud locales, desprovistos de insumos básicos. Aunque los gobiernos han comenzado a distribuir semillas resistentes a la sequía y líneas de apoyo financiero, los expertos advierten que el pico de la emergencia se sentirá con mayor intensidad hacia el cierre de año, lo que exige transformar de raíz la gestión hídrica y los sistemas de protección social para evitar un éxodo masivo en la región.