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Colombia: Desmonte de obras en el Museo Nacional enciende las alarmas por la ofensiva cultural del gobierno

Publicadovie, 16 oct 2026, 6:45 p. m.
Colombia: Desmonte de obras en el Museo Nacional enciende las alarmas por la ofensiva cultural del gobierno

Las salas del Museo Nacional de Colombia, uno de los recintos culturales más antiguos y emblemáticos del continente, exhiben desde este jueves varios espacios vacíos. Cerca de una treintena de piezas alusivas a movimientos feministas, colectivos LGBTIQ+, víctimas del conflicto armado y la firma del Acuerdo de Paz fueron desmontadas sin previo aviso oficial, desatando una intensa controversia política y social en el país suramericano.

La decisión coincidió con una visita oficial del presidente Abelardo de la Espriella a las instalaciones del Ministerio de Cultura, donde proclamó la puesta en marcha de lo que denominó una «contrarrevolución cultural». Durante su intervención, el mandatario confirmó haber dado instrucciones directas a la ministra de Cultura, Paola Holguín, para erradicar de los espacios públicos toda representación que considere «una oda al terrorismo», apuntando de manera explícita a figuras como Carlos Pizarro Leongómez, excomandante del extinto grupo guerrillero M-19 y candidato presidencial asesinado en 1990.

Las piezas retiradas del patrimonio público

Entre los objetos retirados de las galerías permanentes figuran elementos de alto valor testimonial para los movimientos sociales contemporáneos:

  • Una bandera del orgullo gay donada por la activista Elizabeth Castillo.
  • Material gráfico y publicitario de las primeras marchas LGBTIQ+ en la capital, incluyendo registros fotográficos de Humberto Rincón Perfetti.
  • Afiches sobre derechos reproductivos auspiciados por la Fundación Sí Mujer.
  • Carteles de campaña de Bernardo Jaramillo Ossa (candidato de la Unión Patriótica asesinado en 1990) y del propio Carlos Pizarro.
  • Objetos conmemorativos del Acuerdo de Paz suscrito en 2016 con las FARC, además del desmantelamiento de gran parte del denominado «muro de la diversidad».

Frente a las críticas, la ministra Holguín defendió las medidas a través de sus canales oficiales, asegurando que la vocación del museo no debe prestarse al «adoctrinamiento político» ni a la difusión de visiones parcializadas del pasado nacional. Según la titular, la cartera cultural adelanta un rediseño de las líneas curatoriales y museográficas con el objetivo de preservar la identidad y salvaguardar el patrimonio histórico del Estado.

Un giro conservador que polariza al país

Con apenas dos meses en el poder, De la Espriella intensifica una agenda frontalmente alineada con valores conservadores, nacionalistas y religiosos. El gobernante ha arremetido abiertamente contra lo que califica como «wokismo», acusándolo de socavar las bases morales de Occidente e infiltrar ideologías de género en las esferas educativas y culturales.

Analistas políticos señalan que esta estrategia busca emular dinámicas de confrontación ideológica vistas en otros escenarios internacionales, respaldada por bancadas provida y congregaciones religiosas en el Congreso. Sin embargo, expertos en patrimonio advierten que la supresión de estos relatos fragmenta la memoria histórica e ignora la misión fundacional del museo, concebido como un espacio de diálogo plural.

Las reacciones de la oposición no se hicieron esperar. La congresista María José Pizarro, hija del inmolado líder del M-19, denunció la medida como un intento autoritario de proscribir la historia y silenciar el pensamiento crítico. Por su parte, sectores afines al Ejecutivo han aplaudido el desmontaje, argumentando que las instituciones públicas deben desmarcarse de narrativas que, a su juicio, glorifican a actores armados del pasado.