Criado en la clandestinidad: las memorias del hijo de los fugitivos más buscados por el FBI

En lugar de afiches infantiles o visitas recreativas a parques temáticos, la habitación de Zayd Ayers Dohrn estuvo decorada con retratos de líderes revolucionarios. Desde sus primeros años de vida, sus lecciones cotidianas no se limitaban al abecedario: aprendió a comunicarse mediante códigos telefónicos y a identificar agentes encubiertos del Buró Federal de Investigaciones (FBI) en medio de multitudes. Para un niño sin documentos legales ni acceso a la escuela formal, la clandestinidad era simplemente la normalidad.
Sus progenitores, Bernadine Dohrn y Bill Ayers, figuraron durante años entre los prófugos más buscados por la justicia estadounidense. Ambos lideraron Weather Underground, una organización militante de extrema izquierda nacida en la efervescencia de finales de los años sesenta que repudiaba la Guerra de Vietnam y denunciaba las injusticias raciales e institucionales del país. A través de atentados coordinados con explosivos dirigidos a edificios gubernamentales icónicos —como el Capitolio, el Pentágono y el Departamento de Estado—, el grupo intentó llevar el conflicto bélico a las puertas de la sociedad norteamericana.
Privilegio y radicalismo en las sombras
Tanto Dohrn como Ayers provenían de hogares de clase media acomodada. Ella, una destacada estudiante de derecho en la Universidad de Chicago; él, un joven activista opuesto al reclutamiento militar. El asesinato del reverendo Martin Luther King Jr. y la posterior ejecución policial del líder de las Panteras Negras, Fred Hampton, profundizaron de manera drástica su convicción de que el cambio político requería métodos directos.
Paradójicamente, la procedencia social del colectivo facilitó sus operaciones ilegales. Al tratarse de jóvenes universitarios blancos y con solvencia económica, lograban circular por despachos oficiales sin levantar sospechas: varias militantes accedían haciéndose pasar por secretarias para colocar artefactos en zonas restringidas antes de emitir alertas para evacuar los inmuebles. En paralelo, colaboraron estrechamente con facciones afroamericanas disidentes prestando soporte logístico e interviniendo en maniobras de fuga carcelaria.
Campamentos frente a prisiones y el peso de las decisiones
Las actividades familiares de Zayd reflejaban esta misma lógica. Los supuestos viajes de campamento solían situarse intencionalmente a corta distancia de prisiones federales donde yacían recluidos aliados políticos, con el propósito de inspeccionar el perímetro de cara a eventuales rescates. Sin embargo, la constante cercanía del peligro también dejó huellas trágicas dentro de la misma organización, como la detonación accidental en Greenwich Village en 1970 que cobró la vida de tres miembros.
Con la llegada de un segundo hijo, la familia optó por salir de la clandestinidad. Dohrn negoció con la fiscalía y enfrentó condenas de prisión tras rechazar sistemáticamente colaborar o delatar a sus compañeros de militancia. Décadas después, habiendo alcanzado ambos líderes más de 80 años de edad y tras forjar carreras académicas en derecho y educación pública, su hijo evalúa aquel legado con distancia crítica y respeto: un balance complejo entre el afecto filial y las secuelas de haber sido el rehén involuntario de una revolución doméstica.