De la «hermandad histórica» al distanciamiento: el declive de la alianza entre Venezuela y Cuba tras la captura de Maduro

El reciente discurso de Delcy Rodríguez ante la Asamblea General de la ONU marcó un antes y un después en la geopolítica caribeña: por primera vez en más de dos décadas, la delegación venezolana no dedicó una sola mención a Cuba. Este silencio rompió con una arraigada tradición chavista iniciada por Hugo Chávez —quien solía describir a ambas naciones como un único gobierno— y continuada por Nicolás Maduro. Nueve meses después de la operación militar estadounidense del 3 de enero en la que Maduro fue capturado, el histórico eje político, militar y energético que unía a Caracas con La Habana muestra signos inequívocos de agotamiento.
La degradación del vínculo fue reconocida recientemente por las propias autoridades de la isla. El viceministro de Relaciones Exteriores de Cuba, Carlos Fernández de Cossío, matizó la cercanía bilateral al definir a Venezuela simplemente como un «país amigo», advirtiendo que calificarla de «aliada» resultaba excesivo. La frase confirma el fin de la «alianza estratégica» forjada a finales de los noventa, la cual se sustentó originalmente en el intercambio de petróleo venezolano en condiciones preferenciales a cambio de contingentes cubanos de salud, educación y, fundamentalmente, asesoría militar.
El fin del bastión de contrainteligencia
El núcleo más sensible de la cooperación bilateral no radicaba únicamente en los médicos de la Misión Barrio Adentro, sino en el aparato de inteligencia. Durante años, agentes de seguridad cubanos penetraron la estructura de las Fuerzas Armadas Bolivarianas y la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM), instaurando doctrinas operativas y previniendo conspiraciones internas. Sin embargo, este esquema colapsó tras la incursión de enero, episodio en el que fallecieron 32 militares cubanos de alto rango que custodiaban el círculo íntimo del poder chavista.
Bajo presiones directas de Washington, el gobierno interino de Rodríguez ha acelerado un proceso de repliegue de asesores extranjeros. Reportes de inteligencia y movimientos aéreos apuntan a la repatriación de unos 2.500 ciudadanos cubanos mediante vuelos especiales de Cubana de Aviación. Aunque la presencia médica persiste de manera parcial en varios estados del país, la influencia cubana en la toma de decisiones defensivas y represivas dentro de los cuarteles venezolanos ha quedado prácticamente desarticulada.
Entre la necesidad y la prudencia diplomática
En el ámbito económico, el impacto para La Habana ha sido devastador. Con Washington asumiendo el control y supervisión sobre la comercialización de los hidrocarburos venezolanos, los envíos de crudo subsidiado hacia la isla permanecen suspendidos. Pese a que sectores oficialistas en Cuba han dejado entrever malestar, calificando en círculos internos la postura de Rodríguez como una «traición», la cúpula que encabeza Miguel Díaz-Canel ha evitado el choque frontal o la ruptura diplomática pública.
Analistas internacionales coinciden en que el régimen cubano prefiere no quemar los puentes definitivos con Caracas. Asediada por una crisis económica interna sin precedentes, La Habana parece apostar por la cautela diplomática a la espera de nuevos giros políticos en Washington, mientras Delcy Rodríguez intenta navegar una compleja transición que le exige distanciarse de sus antiguos tutores para asegurar la supervivencia de su administración.