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De las cuevas de Shaanxi al poder absoluto: la trayectoria de Xi Jinping ante su nueva visita a Estados Unidos

Publicadomié, 23 sept 2026, 6:45 a. m.
De las cuevas de Shaanxi al poder absoluto: la trayectoria de Xi Jinping ante su nueva visita a Estados Unidos

El presidente de China, Xi Jinping, aterriza esta semana en Washington DC para cumplir con su primera visita oficial de Estado a Estados Unidos en 11 años. El escenario actual dista profundamente de aquel lejano viaje formativo de hace cuatro décadas, cuando un joven Xi, entonces modesto funcionario de condado, recorrió los campos agrícolas de Iowa y forjó lazos con personalidades locales como Terry Branstad. Hoy, a sus 73 años y tras casi catorce años rigiendo los destinos del gigante asiático, el mandatario llega a la capital estadounidense encabezando una potencia inmersa en una abierta pugna con Washington por la hegemonía global, tensiones comerciales, disputas tecnológicas y roces militares.

Caída en desgracia y supervivencia rural

A pesar de ser considerado inicialmente un "principito" —por ser hijo de Xi Zhongxun, prócer revolucionario y ex viceprimer ministro—, el destino de Xi dio un giro radical durante su adolescencia. Con la purga de su progenitor a inicios de los años 60, acusado de conspiración antipartidista, la familia perdió todos sus privilegios. En plena Revolución Cultural impulsada por Mao Zedong, un Xi de apenas 15 años formó parte del contingente de jóvenes enviados al campo para ser reeducados.

Durante siete años residió en la remota comunidad de Liangjiahe, en la provincia de Shaanxi, habitando en un modesto yaodong (vivienda excavada en laderas de colinas). Allí desempeñó extenuantes labores agrícolas, soportó la escasez de alimentos y el rigor del clima rural, una experiencia que el propio mandatario ha calificado en diversas ocasiones como el punto de inflexión donde forjó su carácter y su disciplina antes de ingresar a la prestigiosa Universidad de Tsinghua para formarse como ingeniero químico.

La consolidación de un mando indiscutido

Tras la muerte de Mao y la posterior rehabilitación de su padre, Xi fue escalando gradualmente en la administración territorial, desempeñándose con éxito en provincias costeras clave para la apertura comercial como Fujian y Zhejiang. A nivel personal, tras un primer divorcio con Ke Lingling, contrajo nupcias con Peng Liyuan, célebre cantante del Ejército Popular y una de las figuras culturales más reconocidas de la nación, con quien tuvo a su única hija, Xi Mingze, graduada en Harvard.

Su ascenso definitivo culminó en 2012 al asumir la jefatura del Partido Comunista Chino tras una trayectoria impecable en los órganos decisorios. Desde entonces, Xi ha transformado el tablero institucional:

  • Poder institucional concentrado: Consagró el «Pensamiento de Xi Jinping» dentro del marco ideológico del partido e impulsó la eliminación de los límites constitucionales al mandato presidencial, asegurando su permanencia indefinida.
  • Control interno y seguridad: Ha priorizado la estabilidad estatal con estrictas medidas de seguridad en territorios sensibles como Xinjiang, Tíbet y Hong Kong.
  • Expansión exterior: Ha proyectado el músculo financiero y diplomático de Pekín a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, presentándose como el líder abanderado del llamado Sur Global.

Diplomacia pragmática y desafíos bilaterales

En el plano internacional, Xi ha consolidado alianzas estratégicas decisivas, destacando su vínculo con el líder ruso Vladímir Putin, a quien ha considerado públicamente como su confidente más cercano tras más de 40 reuniones bilaterales. Por el contrario, su relación con las democracias occidentales y sus vecinos asiáticos ha estado llena de altibajos, desde la tensa competencia económica con Washington —iniciada formalmente bajo el mandato de Donald Trump— hasta los choques fronterizos con la India de Narendra Modi.

Xi llega a territorio estadounidense desprovisto del aura de curiosidad de sus primeros años en Occidente. Convertido en el timonel absoluto de la segunda economía del planeta, su presencia en Washington subraya la realidad de un orden internacional donde Pekín ya no busca aprobación, sino hacer valer su condición de superpotencia frente a su principal adversario estratégico.