Delcy Rodríguez y el metódico borrado de Nicolás Maduro: radiografía del nuevo tablero en Venezuela

El tablero político en Caracas experimenta una reconfiguración tan profunda como silenciosa. Aquella postal de finales de septiembre en Manhattan —donde la actual mandataria venezolana, Delcy Rodríguez, posaba sonriente junto al presidente estadounidense Donald Trump mientras a escasos catorce kilómetros Nicolás Maduro aguardaba juicio en una celda federal de Brooklyn— encapsula el giro de 180 grados que vive el país caribeño desde la operación militar del pasado 3 de enero.
Lejos ha quedado la retórica combativa que clamaba por la liberación inmediata de quien fuera calificado como «rehén imperial». Con el paso de los meses, la figura del líder chavista no solo ha desaparecido casi por completo del discurso oficial, sino que el aparato estatal ejecuta un metódico plan para difuminar su huella institucional y promover lo que analistas definen como una suerte de «chavismo 3.0».
Silencio calculado en la escena internacional
El contraste quedó en evidencia absoluta durante el reciente discurso de Rodríguez ante la Asamblea General de las Naciones Unidas. En su regreso a la máxima tribuna multilateral —foro al que el Ejecutivo venezolano no asistía desde 2018—, la mandataria evitó cualquier mención a Maduro o a Hugo Chávez. En su lugar, extendió un público agradecimiento a Trump por priorizar los canales diplomáticos, un gesto impensable apenas un año atrás.
Este pragmatismo se traduce en una rápida transformación interna: reformas a la Ley de Hidrocarburos, la reapertura de medios digitales, un inédito pacto petrolero con Estados Unidos y el salto semántico en los comunicados de prensa, donde Rodríguez ya no figura como mandataria interina o «encargada», sino con todos los atributos de jefa de Estado en pleno ejercicio.
Purga interna y desmontaje simbólico
El distanciamiento no es meramente retórico; abarca las estructuras de poder y el espacio público:
- Reemplazo de la vieja guardia: El cese de Vladimir Padrino López tras doce años al frente del Ministerio de Defensa —hoy relegado a la cartera de Agricultura— y la salida del fiscal general Tarek William Saab marcaron el inicio de un reacomodo militar e institucional. A esto se sumó la entrega y posterior declaración de culpabilidad por lavado de dinero de Alex Saab, otrora figura clave del andamiaje financiero de Maduro.
- Ascenso de nuevos cuadros: Espacios estratégicos han sido asignados a figuras leales al nuevo círculo de poder, entre ellas Héctor Rodríguez en Educación y Daniella Cabello en Turismo.
- Guerra a las gigantografías: En el Palacio de Justicia y en concurridas avenidas caraqueñas, los monumentales retratos de Maduro, su esposa Cilia Flores y el propio Chávez han sido retirados para dar paso a la nueva consigna estatal: «Venezuela renace».
Tensiones en la trinchera chavista
Este proceso de despersonalización gubernamental no ocurre sin fricciones. Voces tradicionales como Diosdado Cabello, a través de su plataforma televisiva, insisten en referirse a Maduro como el presidente legítimo, una postura compartida por figuras históricas del movimiento como Elías Jaua, Iris Varela y el gobernador Freddy Bernal, quienes denuncian la eliminación de la iconografía clásica.
Por su parte, el diputado Nicolás Maduro Guerra, hijo del exgobernante, camina sobre una delgada línea entre el respaldo formal a Rodríguez y la esperanza de una salida negociada para su padre. Mientras tanto, en las cancillerías internacionales queda claro que, para los arquitectos de este nuevo ciclo político en Caracas, el pasado reciente es una carga que prefieren dejar atrás.