Donald Trump sella su respaldo total a Benjamin Netanyahu en la recta final de las elecciones en Israel

A poco más de una semana de que los ciudadanos israelíes acudan a las urnas, Donald Trump rompió su hermetismo electoral para respaldar formalmente al primer ministro Benjamin Netanyahu. En un pronunciamiento directo, el líder republicano calificó a Netanyahu como un «gran primer ministro guerrero» y anunció su apoyo «completo y total», un empujón político que el mandatario israelí llevaba meses buscando para apuntalar una de las contiendas más cerradas de su carrera política.
Un giro tras meses de marcado distanciamiento
Este respaldo pone fin a semanas de cautela e interrogantes. A diferencia de campañas anteriores, en las que el rostro de Trump figuraba de forma prominente en vallas publicitarias a lo largo de Israel bajo el lema «Una liga diferente», la actual contienda electoral había prescindido casi en su totalidad de la figura del mandatario estadounidense. Hasta hace apenas unos días, Trump se mostraba reacio a involucrarse de lleno, admitiendo en declaraciones recientes que en la arena política «no confiaba en nadie» y evitando atar su capital a un candidato con números comprometidos en las encuestas.
La frialdad entre ambos dirigentes venía gestándose debido a marcadas diferencias estratégicas. Reportes cercanos a las deliberaciones internas revelan que Trump manifestó en reiteradas ocasiones su inconformidad ante las maniobras bélicas de Netanyahu en el Líbano y Gaza, así como por los riesgos económicos globales derivados de la escalada con Irán. Desde la Casa Blanca se interpretaron varios de estos movimientos como tácticas de supervivencia política interna por parte del líder del Likud, lo que derivó en ásperas conversaciones telefónicas y encuentros bilaterales a puertas cerradas sin acceso a los medios.
Desgaste de imagen y escenarios geopolíticos abiertos
El costo de esta prolongada fricción también ha dejado huellas en la opinión pública de ambos países. En Israel, sectores de la derecha expresaron descontento tras los acuerdos de alto el fuego con Irán, disminuyendo la tradicional alta confianza que ostentaba Trump entre el electorado conservador. Paralelamente, en territorio estadounidense, los sondeos reflejan una caída histórica en los niveles de favorabilidad hacia Israel, un factor de peso para los estrategas de Washington en vísperas de sus propios compromisos electorales.
A pesar de las tensiones acumuladas y el rechazo de la oposición israelí —que ve en esta maniobra un salvavidas tardío—, el agradecimiento de Netanyahu no se hizo esperar, celebrando el trabajo conjunto y la sintonía estratégica. La incógnita ahora se traslada a las urnas del 27 de octubre, donde se medirá si el peso político de Trump conserva la suficiente tracción como para inclinar la balanza a favor de su histórico aliado.