El silencio pragmático de Caracas: Delcy Rodríguez y María Corina Machado evitan chocar con Donald Trump

A casi diez meses de la sorpresiva aprehensión de Nicolás Maduro y Cilia Flores en su búnker de Caracas, el tablero político venezolano experimenta un reacomodo sin precedentes. Tanto la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, como la principal referente opositora, María Corina Machado, han optado por guardar un calculado silencio y evitar cualquier confrontación directa con la Casa Blanca, a pesar de la retórica agresiva del mandatario estadounidense Donald Trump y de las severas medidas migratorias que afectan a miles de connacionales en territorio norteamericano.
Un viraje histórico en el discurso oficial
El cambio más drástico proviene del propio Palacio de Miraflores. Lejos de la incendiaria retórica antiimperialista forjada por Hugo Chávez durante décadas, Rodríguez ha optado por la moderación diplomática. Tras unos primeros reclamos posteriores a la operación militar de enero, la mandataria interina ha evitado responder a afirmaciones de Trump, quien llegó a proclamar que a los vencedores «les pertenece el botín» y puso en duda la viabilidad de elecciones inmediatas en Venezuela.
Incluso en foros internacionales de alto perfil como la Asamblea General de la ONU, Rodríguez decidió no atacar a Washington. Por el contrario, su discurso respaldó abiertamente la hoja de ruta de tres fases trazada por el secretario de Estado, Marco Rubio, enfocada en reformas institucionales y una transición gradual. En los hechos, Caracas ha abierto el grifo a concesiones petroleras estratégicas y ha coordinado operativos de seguridad de alto nivel, tolerando incluso que las autoridades estadounidenses anunciaran la baja del líder del Tren de Aragua, alias «Niño Guerrero», antes que los canales oficiales locales.
La oposición y el imperativo del respaldo externo
Por su parte, María Corina Machado transita una cuerda floja similar. Fuera del país y buscando garantías para su retorno inmediato, la dirigente no puede darse el lujo de fisurar su alianza con la administración Trump, de cuyo poder coercitivo depende el destino de la oposición. Machado ha supeditado sus esfuerzos al esquema de transición impulsado por Rubio, aunque mantiene firme su demanda de convocar comicios presidenciales a la mayor brevedad, planteando simbólicamente la fecha del 24 de julio de 2027, natalicio del libertador Simón Bolívar.
Sin embargo, este alineamiento geopolítico ha dejado a un lado la defensa de los migrantes venezolanos en Estados Unidos. Tras el fin de programas de amparo como el TPS implementado durante la gestión de Joe Biden, casos alarmantes —como el de Wilber Rafael Garcés Pérez, quien resultó herido de bala por agentes migratorios en Texas, o el de Luis David Niño-Moncada y Yorlenys Zambrano-Contreras en Portland— han pasado prácticamente inadvertidos en las declaraciones públicas de ambos liderazgos venezolanos.
Dos bandos atados a la misma brújula
En última instancia, tanto el chavismo de transición como la oposición democrática reconocen que Washington ostenta la llave del futuro venezolano. Mientras Delcy Rodríguez busca estabilidad, reconocimiento diplomático e inversión para reactivar la alicaída economía nacional, Machado intenta asegurar su regreso al escenario interno para no perder peso político en las mesas de negociación. Desde trincheras opuestas, ambas figuras evidencian que, en la actual coyuntura, la supervivencia política en Venezuela pasa obligatoriamente por no enemistarse con Donald Trump.