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Elecciones en Israel y Estados Unidos: la encrucijada política que define el pulso de Medio Oriente y la economía mundial

Publicadomié, 28 oct 2026, 12:45 a. m.
Elecciones en Israel y Estados Unidos: la encrucijada política que define el pulso de Medio Oriente y la economía mundial

Con apenas una semana de diferencia y separados por casi diez mil kilómetros, los electorados de Israel y Estados Unidos acuden a las urnas en una coyuntura donde la política interna y el tablero geopolítico se cruzan de manera indivisible. Mientras la ciudadanía israelí vota para renovar la Knesset, los estadounidenses se disponen a elegir un nuevo Congreso en unos comicios de mitad de mandato. Aunque suele decirse que los votantes deciden con base en asuntos domésticos, el desenlace de ambas jornadas tendrá un alcance directo en la estabilidad de Medio Oriente y la dinámica financiera internacional.

Ambos procesos no solo comparten fechas cercanas, sino también un lazo electoral tangible: cerca de medio millón de ciudadanos con doble nacionalidad están habilitados para sufragar en las dos contiendas. De acuerdo con analistas y organizaciones de expatriados, la movilización de estos votantes en disputas cerradas dentro de territorio norteamericano —como la contienda por el Senado en Michigan— podría definir mayorías clave. Sin embargo, el verdadero hilo conductor entre Washington y Jerusalén pasa por la estrategia militar frente a Irán.

La sombra de Irán y los cálculos del poder

El pulso armado contra Teherán se ha convertido en el principal termómetro de campaña. Tras los masivos bombardeos iniciados a principios de año —que descabezaron parte del mando militar iraní pero derivaron en el bloqueo del estratégico estrecho de Ormuz—, el primer ministro Benjamin Netanyahu ha agitado la bandera de una nueva ofensiva militar. Para el mandatario israelí, presentarse como el garante de la seguridad nacional busca contrarrestar las secuelas políticas del 7 de octubre de 2023 y esquivar, a través de la continuidad en el poder, las investigaciones judiciales por presunta corrupción que lo acechan.

En la acera opositora, figuras como el exjefe militar Gadi Eisenkot han descartado de plano sumarse a cualquier pacto de unidad nacional promovido por Netanyahu, denunciando que las decisiones de seguridad no deben supeditarse a cálculos de conveniencia partidaria. Por su parte, el presidente Donald Trump ha navegado entre la retórica de respaldo incondicional a "terminar el trabajo" y la prudencia de postergar cualquier escalada militar que dispare el barril de petróleo antes de que los estadounidenses emitan su voto.

El costo de vida y la fractura de consensos

El precio de los combustibles y el aumento sostenido del costo de vida dominan la agenda en Estados Unidos. El bloqueo parcial al flujo de crudo en el estrecho de Ormuz encareció la canasta básica, obligando a la administración Trump a maniobras controvertidas como el alivio de sanciones al diésel ruso para frenar la inflación en las bombas de gasolina, una táctica que ha generado fuerte rechazo incluso en filas republicanas como la del senador Thom Tillis.

Al mismo tiempo, la prolongación de la guerra y la situación humanitaria en Gaza y Cisjordania han comenzado a agrietar el histórico respaldo bipartidista hacia Israel en Washington. Candidaturas progresistas, representadas por figuras como Abdul El-Sayed en Michigan o Brad Lander en Nueva York, abogan abiertamente por condicionar o reducir el financiamiento bélico exterior. De consolidarse un avance opositor en el Capitolio, las facultades legislativas sobre el presupuesto militar podrían imponer frenos severos al despliegue bélico, reconfigurando por completo el tablero estratégico que conecta a ambas naciones con el resto del planeta.