La Casa Blanca aparta a Kimberly Guilfoyle como embajadora en Grecia en medio de acusaciones de conducta inapropiada

La Casa Blanca ha puesto fin de forma abrupta a la misión diplomática de Kimberly Guilfoyle como embajadora de Estados Unidos en Grecia. La decisión se produjo luego de que salieran a la luz diversos reportes sobre supuesta conducta inapropiada, marcando un duro revés para una de las figuras más visibles del ala política vinculada al expresidente Donald Trump. La secretaria de prensa, Katie Zacharia, confirmó públicamente que la administración solicitó la dimisión formal de Guilfoyle, paso que la funcionaria concretó horas más tarde mientras el propio mandatario admitía su malestar por lo ocurrido.
Señalamientos de favores y exigencias financieras
El detonante de la salida de Guilfoyle radica en acusaciones sobre gestiones irregulares antes y durante su estadía en Atenas. Entre los señalamientos más graves figura el testimonio de Eric Deters, un antiguo contribuyente político, quien reveló que la diplomática le exigió una transferencia de 100.000 dólares para liquidar el balance de una tarjeta de crédito a cambio de garantizarle influencia y acceso directo dentro del gobierno estadounidense. A esto se suman denuncias de recepción de costosos regalos sin la debida declaración y la facilitación de reuniones oficiales a un cabildero del sector de la construcción en Grecia.
La defensa legal de Guilfoyle ha rechazado categóricamente estas versiones, argumentando que las solicitudes de dinero correspondían al cobro legítimo de honorarios profesionales previos a su entrada a la diplomacia. Asimismo, a través de sus plataformas digitales, la exembajadora defendió su trayectoria y calificó de falsas las imputaciones en su contra:
- Descargo de la defensa: Sostienen que todo responde a deudas legítimas por asesorías y conferencias privadas.
- Postura oficial: La Casa Blanca optó por cortar lazos para evitar un mayor costo político.
- Distanciamiento del Ejecutivo: Donald Trump restó importancia a sus antiguos nexos familiares, señalando que Guilfoyle no forma parte de su familia cercana.
Tensión diplomática e investigaciones en el Congreso
La permanencia de Guilfoyle se tornó insostenible en el Departamento de Estado. Fuentes cercanas señalan que el secretario de Estado, Marco Rubio, mostró una creciente incomodidad en privado ante los escándalos, particularmente tras coincidir con ella durante una gira oficial por Grecia. Pese a que Rubio defendió la presunción institucional en sus declaraciones públicas en Atenas, la presión interna aceleró la desvinculación definitiva de la funcionaria.
El caso ahora se traslada al terreno legislativo y judicial. Legisladores demócratas, encabezados por el congresista Gregory Meeks en el Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes, han exigido que la renuncia no frene las pesquisas sobre posibles abusos de poder. Al mismo tiempo, la Oficina del Inspector General del Departamento de Estado mantiene abierta una investigación formal en torno a su gestión, la cual podría derivar en mayores consecuencias legales si el Departamento de Justicia decide tomar cartas en el asunto.