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¿El renacer del portafolio 60/40? Radiografía al histórico ciclo de los bonos y su nuevo rol

Publicadomar, 22 sept 2026, 10:58 a. m.
¿El renacer del portafolio 60/40? Radiografía al histórico ciclo de los bonos y su nuevo rol

El mercado de deuda soberana global atraviesa un momento crucial. Los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años vienen de registrar uno de sus peores desempeños móviles de cinco años en más de un siglo, registrando pérdidas reales que solo encuentran paralelismos históricos en los periodos posteriores a las dos guerras mundiales y en la crisis inflacionaria de la década de 1970. No obstante, con los rendimientos tocando niveles en torno al 5% —por encima de su promedio histórico de 4,7% a lo largo de 250 años—, los estrategas de inversión vuelven a poner la mirada sobre la tradicional cartera balanceada 60/40.

El desplome reciente de la renta fija estuvo impulsado por un crecimiento nominal más resistente de lo previsto, presiones inflacionarias persistentes, abultados déficits fiscales y una intensa competencia por el capital vinculada a la expansión de la inteligencia artificial. Este escenario alteró por completo la dinámica del portafolio 60/40 (compuesto tradicionalmente por un 60% en acciones y un 40% en bonos), una fórmula que brindó retornos consistentes ajustados por riesgo durante décadas, pero que colapsó tras la pandemia cuando ambos activos comenzaron a caer en simultáneo.

Un instrumento de ingresos, no necesariamente de cobertura

De acuerdo con análisis recientes encabezados por estrategas de Goldman Sachs, entre ellos Christian Mueller-Glissmann y Andrea Ferrario, existen fundamentos sólidos para que los inversores reconstruyan posiciones estratégicas en renta fija, aunque la justificación táctica para alargar la duración de las carteras aún genera dudas. Durante los últimos cinco años, una cartera 60/40 en EE. UU. rindió sustancialmente menos que una apuesta orientada exclusivamente a acciones, e incluso quedó por detrás de las posiciones en efectivo.

El punto central del debate radica en la naturaleza actual del bono. Los rendimientos elevados garantizan un flujo de ingresos atractivo para quienes conservan los títulos hasta su vencimiento y mitigan el impacto de eventuales alzas adicionales en el costo del dinero. Sin embargo, esto no restaura automáticamente su rol clásico como seguro contra caídas bursátiles: la correlación positiva entre renta variable y deuda, sumada a los riesgos fiscales, debilita la capacidad de los bonos para actuar como amortiguador ante una recesión.

La mirada táctica hacia los próximos meses

A largo plazo, los modelos sugieren que una asignación óptima a bonos debería oscilar entre el 35% y el 55%. No obstante, un regreso automático e inmediato a la fórmula clásica luce prematuro. En el corto plazo, los beneficios empresariales continúan respaldando la renta variable, mientras que el efectivo sigue compitiendo como una alternativa de bajo riesgo con retornos firmes.

De cara a los próximos 12 meses, la inclinación de los operadores apunta hacia una sobreponderación en acciones, una posición neutral en bonos y cautela en el crédito corporativo. En materia de duración, la preferencia se concentra en el tramo intermedio de la curva soberana, complementada con acciones de dividendo estable y bonos convertibles. El rumbo definitivo de estas carteras dependerá de cómo evolucionen la inflación, la política monetaria de la Reserva Federal y el impacto económico del boom tecnológico.