La deuda detrás del auge de la inteligencia artificial enciende las alarmas en los mercados globales de bonos

El vertiginoso despliegue de la inteligencia artificial no solo está transformando el panorama tecnológico, sino que también empieza a generar profundas fisuras en la arquitectura financiera internacional. Un exhaustivo reporte del Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés) reveló que el masivo financiamiento mediante deuda para levantar centros de datos, servidores y chips especializados está elevando los riesgos sistémicos y podría presionar al alza los rendimientos de la deuda soberana y corporativa a largo plazo.
Aunque hasta el momento las turbulencias se han mantenido contenidas, la magnitud de las colocaciones amenaza con desbordar la capacidad de absorción del mercado si se mantiene el ritmo de emisión actual. Los cinco mayores gigantes tecnológicos de Estados Unidos van camino a cerrar el año con un gasto de capital superior a los US$800.000 millones, lo que representa cerca del 2,5% del Producto Interno Bruto (PIB) de la mayor economía del mundo.
Cifras récord y el uso de estructuras fuera de balance
Para solventar este apetito voraz por infraestructura, las corporaciones tecnológicas han recurrido agresivamente al crédito. Hasta el tercer trimestre de este año, las emisiones brutas de bonos de los principales consorcios de computación en la nube sumaron la impresionante cifra de US$222.000 millones, concentrándose mayoritariamente en plazos extensos y equivaliendo a más del 10% de toda la emisión de deuda a largo plazo del Tesoro estadounidense.
A este endeudamiento directo se suma una capa de ingeniería financiera más opaca. Entre US$75.000 millones y US$100.000 millones han sido colocados a través de vehículos de propósito especial y títulos respaldados por activos fuera del balance. Estimaciones de agencias de riesgo crediticio como Moody's sitúan los compromisos de arrendamiento de centros de datos en torno a los US$1,2 billones, de los cuales aproximadamente US$820.000 millones corresponden a contratos diferidos que aún no entran en vigor y que, por tanto, no figuran formalmente en los pasivos convencionales de estas firmas.
Un entramado de riesgos cruzados
El análisis técnico subraya que el ecosistema de la inteligencia artificial funciona bajo un esquema de interdependencia altamente concentrado:
- Proveedores de chips y hardware: Venden equipamiento clave, participan como accionistas en empresas de infraestructura, reservan capacidad de procesamiento y otorgan garantías financieras a sus propios clientes.
- Vehículos de propósito especial: Asumen la propiedad de las instalaciones y emiten bonos respaldados por los contratos de alquiler de las tecnológicas.
- Banca y crédito privado: Financian el levantamiento de las obras y adquieren los paquetes de deuda estructurada.
Esta red de relaciones cruzadas implica que el tropiezo de un solo actor relevante provocaría un efecto dominó simultáneo sobre las ventas, las participaciones accionarias y el cumplimiento de las garantías. Además, si la demanda proyectada no madura con la velocidad esperada y se desocupan instalaciones, los activos en garantía podrían sufrir devaluaciones abruptas ante un exceso de oferta.
Presión latente sobre el costo del dinero
El impacto de este fenómeno trasciende al sector tecnológico y toca el corazón de la renta fija mundial. Los bonos a diez o más años emitidos por los gigantes de la nube pasaron de representar apenas un 3% de las emisiones corporativas de largo plazo hace dos años a copar un 24% en la actualidad, compitiendo directamente con los títulos soberanos.
Al haber una sobreoferta de instrumentos de larga duración en manos de fondos de pensiones y aseguradoras, los inversionistas exigen mayores primas por asumir riesgo de plazo. Dado que los rendimientos de los bonos del Tesoro de EE. UU. sirven de brújula para fijar el costo de las hipotecas, préstamos comerciales y deudas soberanas en economías emergentes, la factura de financiar la revolución tecnológica podría terminar encareciendo el crédito en todo el planeta.