Los gigantes de la gestión patrimonial reactivan sus compras de oro frente a la incertidumbre global

Las firmas más influyentes de la gestión global de activos han decidido volver a cargar sus portafolios con oro. Tras la corrección de precios que siguió a los máximos históricos de principios de año, entidades de primer orden apuestan a que los fundamentos estructurales del metal dorado mantendrán su vigencia, incluso en un entorno donde la Reserva Federal de Estados Unidos evalúa mantener una política monetaria restrictiva.
Firmas de la talla de Amundi SA, la mayor administradora de Europa, han aprovechado la moderación de las cotizaciones para adquirir lingotes con la proyección de que el precio vuelva a rozar los US$5.000 por onza antes de que culmine el año. A este movimiento se han sumado equipos de estrategia en Pictet Asset Management, Robeco Institutional Asset Management y Fidelity International, recomponiendo asignaciones que habían recortado previamente.
Refugio estratégico frente a la volatilidad
Entre más de una docena de firmas consultadas —cuyo volumen conjunto administrado ronda los US$27 billones, incluyendo gigantes como BNP Paribas Asset Management y Manulife John Hancock Investments— el consenso apunta a que el oro sigue siendo un instrumento imprescindible de diversificación. Aunque la cotización actual ronda los US$4.400 la onza en las plazas internacionales, analistas coinciden en que la caída previa hacia los US$4.000 ofreció una ventana de entrada óptima.
Uno de los catalizadores más determinantes detrás de este apetito ha sido la intervención de los bancos centrales. Durante el segundo trimestre, las compras oficiales netas alcanzaron 289 toneladas, marcando un récord para ese periodo según los registros del Consejo Mundial del Oro. Al mismo tiempo, la correlación entre el metal precioso y las acciones tradicionales ha caído prácticamente a cero, reafirmando el papel clásico del oro como amortiguador de choques en carteras multiactivo.
Preocupaciones por la deuda y el valor del dólar
El interés renovado no surge en el vacío. Figuras influyentes del mercado, como el inversionista Ray Dalio, han alertado sobre los riesgos que plantea el abultado endeudamiento de Estados Unidos, sugiriendo a los operadores destinar hasta un 15% de sus fondos al oro para contrarrestar eventuales crisis de deuda soberana. Estas advertencias cobran peso en momentos en que los rendimientos de los bonos del Tesoro tocan máximos plurianuales y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, recurre a recompras de deuda a largo plazo.
Si bien el endurecimiento del discurso de la Reserva Federal tras el simposio de Jackson Hole plantea vientos en contra a corto plazo —al elevar el costo de oportunidad de un activo que no devenga intereses—, la lectura predominante en el mercado es que la diversificación hacia activos tangibles continuará. Frente a los riesgos fiscales, tensiones geopolíticas e incertidumbres que escapan al control de las autoridades monetarias, el oro consolida su estatus como el seguro predilecto del capital institucional.