El enigma de la esquizofrenia: La científica Consuelo Walss-Bass desentraña la genética detrás de su propia historia familiar

Durante más de veinte años, una interrogante ha marcado tanto la trayectoria profesional como la vida íntima de la bioquímica y genetista mexicana Consuelo Walss-Bass: si compartían el mismo código genético y se criaron bajo el mismo techo, ¿por qué su hermana Paty desarrolló esquizofrenia y ella no? Esta pregunta es el eje central de su libro ¿Por qué mi hermana?, obra en la que conjuga el testimonio de una familia atravesada por el dolor con el análisis riguroso de la psiquiatría contemporánea.
Walss-Bass, actual profesora de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento en el centro de ciencias de la salud de la Universidad de Texas (UTHealth Houston), lidera el Programa de Genética Psiquiátrica y administra un biobanco de investigación con cerca de 180 cerebros donados. Su objetivo principal ha sido comprender los trastornos mentales a nivel molecular, motivada en gran medida por haber convivido desde la infancia con los episodios psicóticos de su madre, Eugenia, y más tarde con la manifestación progresiva de la enfermedad en su hermana menor.
La «tormenta perfecta»: genes y ambiente
De acuerdo con las investigaciones expuestas por la especialista, la comunidad científica ha identificado al menos 287 genes asociados con el riesgo de desarrollar esquizofrenia. No obstante, no existe un gen único responsable. El detonante radica en una combinación singular de variantes hereditarias sumada al impacto de factores ambientales y traumas en momentos críticos del neurodesarrollo.
En el caso de Paty, quien en su juventud llegó a desempeñarse brevemente como modelo, se conjugaron diversas adversidades: un embarazo materno atravesado por la crisis de salud mental de su madre, carencia de apego temprano y un prolongado aislamiento durante su niñez y adolescencia. La experta sostiene que cuando el trauma incide justo en los periodos de formación de las conexiones sinápticas, la vulnerabilidad biológica se magnifica hasta desencadenar la psicosis.
Señales tempranas y el reto del diagnóstico
Reconocer la fase inicial de la esquizofrenia continúa siendo uno de los mayores desafíos clínicos, pues suele coincidir con la adolescencia, una etapa caracterizada de por sí por cambios emocionales e impulsividad. Síntomas como la paranoia, el retraimiento social severo y la irritabilidad persistente suelen confundirse con conductas juveniles comunes antes de que aparezcan las alucinaciones francas o el delirio estructurado.
Tras años de distanciamiento y un cuadro clínico agravado por la pérdida de su esposo, Paty fue rescatada por Consuelo y su familia en condiciones críticas. Desde hace una década vive junto a ellos bajo una rutina estructurada y seguimiento médico constante, logrando una estabilidad que evidencia la trascendencia de una red de apoyo sólida para los pacientes psiquiátricos.
Derribar el estigma desde la biología
Walss-Bass subraya que el mayor obstáculo social frente a los trastornos severos de salud mental sigue siendo el prejuicio. Mientras que padecimientos como la depresión han ganado mayor empatía pública, la esquizofrenia aún despierta temor e incomprensión. Para la científica, entender que se trata de una afección orgánica —ajena a la voluntad de la persona que la sufre— resulta indispensable tanto para sanar las heridas familiares como para orientar el desarrollo de tratamientos más eficaces.
Aunque los esquemas farmacológicos de base, como el uso de la clozapina, han variado poco en seis décadas, la genetista se muestra optimista ante los horizontes de la medicina personalizada. Desentrañar el mapa biológico de estas patologías abre la puerta a intervenciones moleculares capaces de corregir las alteraciones neuronales de raíz y devolver la dignidad a millones de familias.