Más del 50 % de la niñez dominicana sufre métodos de crianza violentos en sus hogares, advierte Unicef

El hogar, que debería ser el espacio más seguro para el crecimiento de la infancia, continúa siendo un escenario de agresiones cotidianas en República Dominicana. Más de la mitad de los niños, niñas y adolescentes en el país experimenta alguna modalidad de castigo físico o violencia psicológica como método de crianza, según se desprende de una reciente investigación presentada por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) en Santo Domingo.
El informe, titulado 'Estudio sobre los determinantes asociados al castigo físico y la violencia sicológica contra niñas, niños y adolescentes en el hogar en República Dominicana', arroja que el 54.9 % de la población entre 1 y 14 años ha sido víctima de disciplina violenta. La situación se torna aún más alarmante cuando se analiza a la niñez con alguna condición de discapacidad, donde la cifra se dispara hasta un 72 %.
Golpes, humillaciones y castigos degradantes
El estudio cualitativo, desarrollado en los municipios de Boca Chica, Barahona, Haina y Yamasá, documenta patrones de maltrato físico que van desde bofetadas hasta agresiones con diversos artefactos domésticos comunes, tales como correas, mangueras, cables eléctricos, chancletas, peinillas y varas. También se registraron prácticas degradantes como obligar a los menores a arrodillarse sobre superficies ásperas durante horas, en ocasiones soportando objetos pesados, además de episodios extremos que involucran quemaduras y descargas eléctricas.
A la par del daño corporal, el informe enfatiza la omnipresencia del maltrato verbal y emocional. Frases cotidianas como «no sirves para nada», «¿para qué te tuve?» o amenazas reiteradas de abandono dejan secuelas profundas en el desarrollo socioemocional de los menores, minando su autoestima y perpetuando heridas que persisten en la adultez.
La trampa de la «corrección»
Anyoli Sanabria, representante adjunta de Unicef en la República Dominicana, advirtió sobre la urgencia de deconstruir los paradigmas culturales que normalizan estas conductas:
«Esto es muy duro, esto es muy difícil de cambiar porque está arraigado en las normas sociales, pero tenemos que empezar a hacer algo diferente, porque lo que estamos haciendo no está dando resultados», puntualizó la especialista.
Sanabria remarcó que existe una narrativa social que intenta justificar la violencia bajo el velo de la «corrección» moral, cuando en realidad se trata de abusos directos. En este fenómeno confluyen presiones comunitarias, factores religiosos, patrones intergeneracionales y prejuicios vinculados a la orientación sexual o el origen étnico de los menores. Si bien el fenómeno cruza todos los estratos socioeconómicos, muestra una mayor incidencia en sectores vulnerables.
Claves para frenar el ciclo intergeneracional
El informe subraya que los menores expuestos a tratos crueles suelen replicar estos mismos patrones de agresión durante la adultez, manifestándose más adelante en violencia intrafamiliar y de género. Para frenar este ciclo, el organismo internacional propuso una serie de acciones articuladas en cinco ejes estratégicos:
- Marco legal e institucional: Fortalecer las normativas de protección y las capacidades de respuesta estatal.
- Ámbito comunitario: Desarrollar programas locales de sensibilización y redes de apoyo vecinal.
- Entorno interpersonal y familiar: Fomentar pautas de crianza positiva y resolución pacífica de conflictos.
- Enfoque individual: Proveer herramientas emocionales y formativas a padres, madres y cuidadores.