"No fue una desgracia, fue un crimen": Familia de Ernis De la Cruz denuncia impunidad y negligencia a 10 meses de su asesinato en La Vega

Diez meses han transcurrido desde que la violencia segó la vida de Ernis David De la Cruz Sánchez, un joven de 26 años abatido la noche del 23 de diciembre en las inmediaciones de su comunidad, en la provincia de La Vega. Desde entonces, el dolor de sus parientes se mezcla con la indignación ante la falta de avances concluyentes por parte de las autoridades judiciales y policiales, una inercia que mantiene el caso sumido en la incertidumbre.
Portando pancartas con la imagen del fenecido y consignas que sentencian: “No falleció, lo mataron. No hubo pelea, lo emboscaron. No fue una desgracia, fue un crimen”, la familia De la Cruz insiste en que las circunstancias apuntan a una trama premeditada y no a un atraco fortuito, como inicialmente se catalogó el suceso.
Las inconsistencias de la hipótesis del atraco
Danilda Sánchez, madre de la víctima, rebate de manera categórica la versión preliminar sostenida por la Dirección Central de Investigación (Dicrim). Según explica, los registros de cámaras de vigilancia muestran cómo dos sujetos a bordo de una motocicleta interceptaron a Ernis y le dispararon sin mediar palabra antes de despojarlo de su vehículo de dos ruedas. Sin embargo, al momento del levantamiento del cadáver, el joven aún conservaba intactas sus prendas y su cartera con pertenencias personales.
Uno de los puntos más oscuros del caso radica en el paradero del teléfono celular de Ernis, el cual terminó en manos de una joven identificada como Arisleida, a quien el hoy occiso accedió a transportar a su vivienda instantes antes del ataque mortal. De acuerdo con los testimonios recogidos por la familia, otros conocidos se ofrecieron a llevar a la dama, pero esta insistió expresamente en que debía ser Ernis quien la acompañara.
Sospechas y manejo de la escena
La madre de la víctima sostiene que las grabaciones de seguridad revelan una actitud sospechosa por parte de la acompañante. Tras el ataque, la joven permaneció ilesa, sin forcejeos ni despojos, y se le observa caminar con calma hacia un establecimiento comercial cercano mientras manipulaba un dispositivo móvil, pese a que la víctima yacía agonizante en el pavimento.
"Ella asegura que no vio a nadie, cuando los atacantes no tenían el rostro cubierto, solo llevaban abrigos con capuchas", cuestionó Sánchez, lamentando que los investigadores no hayan profundizado en los interrogatorios hacia esta testigo clave ni en el vaciado del teléfono de su hijo.
Errores procesales y clamor por justicia
A las dudas en torno a los hechos se suman aparentes irregularidades administrativas en el manejo del expediente. La familia denuncia que la denuncia inicial fue redactada con un número erróneo de la matrícula de la motocicleta sustraída. Al intentar corregir la anomalía en la fiscalía y acudir de nuevo ante el Dicrim, los agentes alegaron que el número de registro no figuraba en el sistema, condicionando el rastreo a que el vehículo apareciera de forma fortuita.
Ernis, quien residía en la comunidad de Junumucú, perteneciente al distrito municipal de Rincón, laboraba en una empresa dedicada a la comercialización de puertas y ventanas. Su partida deja en la orfandad a una niña de apenas seis años de edad. En medio del duelo, sus allegados reiteran que continuarán alzando la voz para evitar que el expediente quede archivado en la impunidad, exigiendo que el Ministerio Público asuma una investigación rigurosa que determine la autoría material e intelectual del homicidio.