Cruce de memorias: Dos vidas extraordinarias que convergen en el Hogar San Francisco de Asís

En los pasillos del Hogar de Ancianos San Francisco de Asís, el tiempo adquiere una cadencia distinta. Entre partidas de ajedrez, rutinas matutinas y recuerdos compartidos, convergen las trayectorias de hombres que vivieron épocas convulsas y realidades contrastantes. Hoy, Antonio Rodríguez, de 75 años, y Francisco Veloz Burgos, de 88, personifican dos historias de vida marcadas por la supervivencia, el trabajo arduo y la entereza humana.
El arte de la discreción: La memoria viva de Antonio Rodríguez
Oriundo de Cuba, Antonio arribó a suelo dominicano a los 14 años junto a su padre, un ingeniero químico contratado en los ingenios azucareros de Rafael Leónidas Trujillo que también impartía docencia nocturna en la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Criado entre maquinarias y aulas universitarias, Rodríguez optó años después por formarse en Ciencias Políticas en la academia estatal.
Sin embargo, al alcanzar el octavo semestre, el clima represivo durante los gobiernos de Joaquín Balaguer truncó sus aspiraciones profesionales. Para eludir los allanamientos militares en el campus, Antonio ideó un método de camuflaje que todavía recuerda con nitidez: cargaba en su mochila una peluca y mudas de ropa que le permitían burlar la vigilancia al entrar y salir de las aulas, aunque no evitó ser detenido en varias ocasiones.
Tras abandonar los estudios, encontró sustento en la ebanistería. A los 69 años, enfrentando la soledad y limitaciones económicas, ingresó al centro asistencial. Pese a que una severa artritis y una desviación en el fémur restringen su movilidad, combate sus dolencias con la lectura de clásicos como Gabriel García Márquez e Isabel Allende. Su mirada sigue puesta en el futuro, encarnado en su hijo, quien cursa estudios de medicina en España.
Un periplo de 40 naciones: El dinamismo de Francisco Veloz Burgos
A sus 88 años, Francisco Veloz Burgos desafía el sedentarismo con una determinación admirable. De profesión ingeniero electricista, su carrera lo llevó a recorrer cerca de 40 países brindando asistencia técnica especializada en molinos de trigo. Su andar internacional concluyó abruptamente tras sufrir una grave fractura en la columna vertebral.
Fue su hermano gemelo, Ercilio, quien le recomendó ingresar hace 12 años al Hogar San Francisco de Asís para garantizar los cuidados que su lesión demandaba. Lejos de rendirse a la silla de ruedas, Veloz inicia su jornada a las 5:00 de la mañana con una oración, asiste al servicio religioso y se mantiene activo durante todo el día. De forma voluntaria, empuja carros de lavandería para distribuir prendas limpias en el área de psiquiatría del recinto, impulsándose con sus propias piernas como testimonio de vitalidad.
Padre de cuatro hijos —dos radicados en el exterior y dos en el país, quienes le visitan mensualmente—, Veloz reivindica su autonomía día tras día. En este asilo de la capital dominicana, tanto él como Rodríguez demuestran que la vejez no borra el valor de las vivencias acumuladas, sino que ofrece un espacio sereno para compartir la sabiduría ganada con los años.