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El origen judío del salami dominicano: la historia de supervivencia que nació en Sosúa

Publicadolunes, 7 de septiembre de 2026, 6:56 p. m.
El origen judío del salami dominicano: la historia de supervivencia que nació en Sosúa

En la mesa dominicana, el salami ocupa un lugar indiscutible. Frito en rodajas doradas junto al mangú, guisado en locrios o emparedado en un pan de agua, este embutido es el pilar de la proteína popular. Su resistencia a las vicisitudes del clima y a las recurrentes fallas eléctricas, gracias a sus procesos de cocción y curado, lo consolidó como un aliado del hogar criollo. Sin embargo, detrás de este alimento celebrado cada 7 de septiembre en el Día Nacional del Salami, late una memoria histórica de exilio, supervivencia y renacimiento.

La Conferencia de Évian y el refugio en el Caribe

El vínculo entre este embutido europeo y el paladar caribeño comenzó a gestarse en 1938 durante la Conferencia de Évian, en Francia. Mientras la mayoría de las potencias internacionales cerraban sus puertas a los perseguidos por el régimen nazi, el dictador Rafael Leónidas Trujillo ofreció conceder entre 50,000 y 100,000 visados a refugiados judíos. Esta aparente benevolencia escondía un oscuro proyecto demográfico: la intención del régimen de propiciar el blanqueamiento poblacional de la isla.

Aunque las trabas burocráticas y el contexto bélico limitaron la llegada a menos de un millar de personas, los primeros colonos comenzaron a asentarse en Sosúa, en la costa norte del país. A su arribo, cada familia recibía unas 80 acres de tierra, diez vacas, una mula y un caballo para empezar desde cero en un entorno completamente ajeno a sus ciudades de origen.

De la necesidad a la industria cárnica

El proceso de adaptación exigió convertir un territorio agreste en un polo productivo. Para coordinar los esfuerzos, se fundó la Asociación de Asentamientos de la República Dominicana (AARD). Con el respaldo de asesores y aplicando los conocimientos agropecuarios de Europa central, los refugiados fundaron cooperativas emblemáticas como CILCA, centradas en la ganadería y la industria lechera.

Fue en esos talleres donde nació la elaboración de mantequilla, quesos madurados y embutidos con mezcla de res y cerdo. Comercializado con el tiempo bajo la marca Productos Sosúa, el salami local encontró una aceptación arrolladora hacia la década de 1960, integrándose paulatinamente en la dieta diaria de todas las clases sociales del país.

Un legado preservado en la memoria

Familias como la de Egon e Hildegard Schwarz, arribados en 1947, dejaron una huella duradera en la comunidad. Su hija, Sylvia Schwarz, impulsó años más tarde el Museo Virtual Sosúa, una plataforma dedicada a salvaguardar los testimonios, fotografías y documentos de aquellos pioneros que transformaron la adversidad en desarrollo comunitario.

Hoy, lo que comenzó como una estrategia de subsistencia comunitaria es el mayor emblema del desayuno nacional, recordando que la identidad culinaria dominicana también se nutrió de la esperanza de quienes encontraron en esta media isla un refugio para volver a vivir.