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Hiroo Kanamori: El científico que revolucionó la medición de terremotos y transformó la alerta sísmica mundial

Publicadosáb, 10 oct 2026, 8:45 p. m.
Hiroo Kanamori: El científico que revolucionó la medición de terremotos y transformó la alerta sísmica mundial

Cuando ocurre un terremoto devastador en cualquier parte del mundo y los reportes señalan cifras como 7.8 u 8.2, la mayoría de las personas asume por costumbre que se trata de la tradicional escala de Richter. Sin embargo, en el ámbito científico y de emergencias, ese parámetro quedó atrás hace décadas. El estándar universal que hoy permite cuantificar con exactitud la fuerza real de los megaterremotos es la escala de magnitud de momento (Mw), una innovación desarrollada a finales de los años setenta por el célebre geofísico japonés Hiroo Kanamori.

Nacido y formado bajo las precariedades de la posguerra japonesa, Kanamori cultivó desde niño una curiosidad innata por la dinámica terrestre. Esa disciplina lo llevó a convertirse en profesor emérito del Instituto de Tecnología de California (Caltech), donde enseñó e investigó durante más de medio siglo. Para la década de 1970, la sismología enfrentaba una limitación crítica: la escala ideada en 1935 por Charles Richter y Beno Gutenberg se saturaba ante eventos de gran potencia. Diseñada originalmente para sismos moderados del sur de California, la fórmula de Richter dependía de la amplitud máxima registrada por sismógrafos sensibles solo a frecuencias altas, perdiendo de vista las ondas de período largo que dominan los movimientos telúricos colosales.

El quiebre del paradigma y la llegada del 'momento sísmico'

La falla del modelo clásico quedó en evidencia con cataclismos como el histórico terremoto de Valdivia, en Chile (1960). Solo tras el trabajo pionero de Kanamori en 1977 —ampliado en 1979 junto al sismólogo Thomas Hanks— se pudo determinar con certeza física que aquel evento alcanzó una magnitud de 9.5, la mayor jamás registrada en la historia moderna.

A diferencia de Richter, que medía trazos relativos en papel sismográfico, Kanamori recurrió a un principio físico riguroso: el momento sísmico. Este valor se calcula multiplicando tres variables directas del terreno:

  • La superficie total de la falla que se fracturó durante el evento.
  • El desplazamiento o dislocación de los bloques de tierra involucrados.
  • La rigidez estructural del tipo de roca que colapsó.

El resultado de esta ecuación logarítmica refleja de forma fidedigna la energía total liberada. En esta escala, cada número entero representa un salto colosal: un terremoto de magnitud 7 no es una fracción superior a uno de 6, sino que libera más de 30 veces más energía destructiva.

De la teoría pura al desarrollo de alertas tempranas

Con el avance de su carrera, el interés de Kanamori giró hacia la protección ciudadana. Testigo de los estragos sísmicos en su país natal y en Norteamérica, se involucró directamente en la creación de programas y algoritmos computacionales junto al Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Su aporte fue fundamental para procesar la información captada en los primeros segundos de un evento y emitir alertas automatizadas.

Esa tecnología, que hoy sostiene sistemas en California, Japón y México, permite frenar trenes de alta velocidad, detener ascensores en pisos seguros y avisar con valiosos segundos de anticipación a la población y a los equipos de emergencia médica, reduciendo drásticamente las víctimas y el pánico colectivo.

La ciencia frente al mito de la predicción sísmica

Frente al recurrente anhelo colectivo de predecir terremotos, la postura de Kanamori y sus colaboradores más cercanos, como el sismólogo Luis Rivera de la Universidad de Estrasburgo, es tajante: la ruptura sísmica es un proceso estocástico y complejo. Es comparable a una colisión en cadena en una autopista; una microfractura puede detenerse de inmediato o evolucionar hacia un sismo masivo dependiendo de variables imperceptibles en la corteza.

Por ello, el especialista enfatiza que la verdadera defensa radica en la mitigación del riesgo: diagnósticos rigurosos tras cada siniestro, inversión estricta en normativas de construcción sismorresistente, planificación territorial y redes de alerta interconectadas. A sus 90 años, Kanamori mantiene activa su producción investigativa con una consigna invariable: poner la física al servicio de la preservación de la vida humana.