Alerta regional por la llegada de un 'Súper El Niño': cosechas, matrices energéticas e inflación bajo seria amenaza

Lo que inició como una advertencia meteorológica se ha transformado en un desafío macroeconómico de primer orden para América Latina. Mediciones oceanográficas recientes confirman que el calentamiento del Pacífico ecuatorial ha sobrepasado los umbrales históricos, situando las anomalías térmicas cerca de los 3 °C. Con una probabilidad del 75% otorgada por la NOAA de que este ciclo supere los registros documentados desde 1950, la región entra formalmente en el terreno de un "Súper El Niño", cuyas ramificaciones climáticas y financieras se extenderán con fuerza hacia finales de 2026 e inicios de 2027.
Johanna Chua, analista económica de Citi, advierte que el canal de transmisión más inmediato y agresivo hacia los mercados emergentes golpeará directamente el precio de los alimentos. El índice de cotizaciones alimentarias de la FAO ya experimentó un repunte interanual del 2,5% en agosto, impulsado por alzas notables en el azúcar (11,3%) y los cereales. Este encarecimiento amenaza con truncar la senda desinflacionaria que venían recorriendo los bancos centrales de la región, arrastrando a naciones como Chile, que ya evidencia repuntes en la canasta básica, mientras economías como la mexicana muestran, por ahora, una mayor capacidad de resistencia.
Presión crítica sobre materias primas clave
El impacto sobre el agro no será uniforme, pero sí severo en ciertos rubros estratégicos. Expertos de Capital Nomura Securities, encabezados por Kate Toungtong, alertan que las reservas mundiales de aceite de palma se han desplomado a un 18,3% del consumo global, el nivel más precario en una década. Esta estrechez productiva también pone en la mira al café robusta, al arroz y muy especialmente al cacao. Sobre este último, Ignacio Canals Polo, analista de Bloomberg Intelligence, calcula que la producción internacional podría sufrir una contracción del 7,2% si el patrón climático intensifica las pérdidas en África Occidental, trasladando una enorme presión de oferta hacia productores latinoamericanos como Ecuador.
Embalses secos y redes eléctricas al límite
El segundo gran frente de batalla es la energía. Estimaciones de Andrew John Stevenson indican que el déficit de lluvias y las altas temperaturas generarán un impacto equivalente a 150 millones de barriles de petróleo en el consumo primario de Brasil, Colombia, Argentina y Chile. Brasil encabeza las alertas: la menor generación en sus represas hidroeléctricas, combinada con un consumo récord de electricidad para refrigeración ante olas de calor extremas, representa una carga potencial de 135 millones de barriles equivalentes. Esta coyuntura forzará a las distribuidoras a costosos programas de mantenimiento y refuerzo de red para evitar apagones masivos.
En Colombia, aunque los embalses lograron retener niveles aceptables hacia mediados de septiembre, las previsiones apuntan a déficits agudos de precipitación en la zona norte. Firmas como UBS ubican a la economía colombiana entre las más vulnerables del bloque debido a su fuerte dependencia hidroeléctrica, sumada a una posición fiscal rígida y una inflación que aún no cede del todo.
Golpes logísticos: de la anchoveta al Canal de Panamá
Las consecuencias operativas y comerciales ya se sienten en la infraestructura crítica del continente:
- Perú: Bradesco BBI sitúa en 83% la probabilidad de un El Niño costero fuerte o extraordinario. Este escenario base podría restar entre 0,7 y 1 punto porcentual al PIB peruano de 2027, castigando la captura de anchoveta, el empleo pesquero y la infraestructura vial por inundaciones en el norte.
- Panamá: El descenso del lago Gatún obligó a la Autoridad del Canal a restringir el tránsito marítimo de 36 a 32 cruces diarios, amenazando los ingresos fiscales y el comercio internacional.
- Chile: En el cono sur, el régimen inverso de lluvias intensas provocó suspensiones operativas y recortes en las metas de producción de mineras de cobre como Antofagasta y Lundin Mining.
- Brasil: Las vías fluviales de granos sufren caídas de calado de hasta un 50%, obligando al sector agroindustrial a redireccionar cargamentos de soja y carne hacia el transporte terrestre, encareciendo los fletes logísticos.
El desenlace de este choque dependerá de la capacidad de respuesta fiscal y de los inventarios de seguridad de cada país. No obstante, si las presiones sobre alimentos y tarifas eléctricas continúan escalando, el margen de maniobra monetaria se reducirá, forzando a los bancos centrales a mantener las tasas de interés elevadas por mucho más tiempo del previsto.