Colapso de Ueno Bank desata un terremoto financiero y político en Paraguay

Las calles de Asunción son escenario de una de las crisis financieras y sociales más severas en la historia reciente de Paraguay. La clausura repentina de Ueno Bank, la institución bancaria más grande del país, ha paralizado la economía doméstica y empujado a miles de ciudadanos a la incertidumbre. Datos oficiales apuntan a que cerca del 50% de la población mantenía cuentas de ahorro en esta entidad —incluyendo a jubilados que recibían sus pensiones por esa vía—, siendo el 90% de los afectados pequeños ahorristas que hoy se encuentran sin acceso a su dinero.
Un golpe devastador para la economía popular
El impacto humano es inmediato y desgarrador. Casos como el de Marcelino Vergara, de 68 años, quien denunció haber quedado con apenas 8.000 guaraníes (cerca de un dólar) tras perder el trabajo de toda su vida, reflejan el clamor que recorre las marchas de protesta en la capital. Jóvenes emprendedores y comerciantes también enfrentan la quiebra operativa; Thiago Nardelli, comerciante del sector textil, relató cómo la parálisis de fondos frenó tanto sus compras de mercancía como las devoluciones a clientes cuyos anticipos permanecen congelados.
A pesar de que el Banco Central de Paraguay comunicó la existencia de un fondo de garantías, las condiciones de cobertura dejan fuera a una masa crítica de usuarios vulnerables: el auxilio solo contempla saldos superiores a los 10 millones de guaraníes (aproximadamente 1.600 dólares) y exige no mantener deudas vigentes con la entidad, una traba que margina a miles de trabajadores informales y microempresarios.
La tormenta política sobre el Palacio de López
El descalabro de Ueno Bank no tardó en trasladarse al plano institucional, salpicando directamente al presidente Santiago Peña y al Partido Colorado. El mandatario presentó su renuncia al cargo, pero el Congreso optó por no aceptarla, abriendo paso a un proceso de juicio político exprés para determinar las responsabilidades del Ejecutivo en la debacle regulatoria. La indignación popular se alimenta de la estrecha cercanía que la entidad financiera cultivó con los círculos de poder durante su meteórico ascenso.
En menos de tres años, el banco penetró agresivamente en el tejido nacional: fue el principal patrocinador de la selección de fútbol —cuyos propios jugadores han reportado pérdidas de capital— y captó fondos de instituciones de alto perfil como la Confederación Sudamericana de Fútbol (Conmebol), que mantenía cerca de 14 millones de dólares depositados en la institución intervenida.
Efecto dominó más allá de las fronteras
La onda expansiva del colapso ya cruza los límites territoriales de Paraguay. En Argentina, la consultora tecnológica Itti —filial del Grupo Vázquez, propietario de Ueno Bank— suspendió de golpe a 1.000 empleados remotos que operaban mediante la firma local Kaitel SRL, dejándolos sin acceso a los sistemas y con salarios impagos.
En la frontera con Brasil, la facilidad con la que el banco permitía la apertura de cuentas digitales había atraído a decenas de miles de pequeños comerciantes, productores agrícolas y estudiantes universitarios extranjeros. Empresarios locales en localidades fronterizas como Hernandarias reportan el bloqueo total de sus terminales de cobro y fondos operativos, confirmando que lo que inició como una falla bancaria en Asunción se ha transformado en un socavón financiero de alcance regional.