El impacto dispar de El Niño en América Latina: Ecuador y Brasil bajo presión mientras Argentina proyecta ganancias

El fenómeno meteorológico de El Niño vuelve a encender las alarmas macroeconómicas en América Latina. Lejos de manifestarse de manera uniforme, las proyecciones más recientes elaboradas por firmas de inversión como Goldman Sachs perfilan un mapa de ganadores y perdedores marcados por la geografía, la matriz energética y la capacidad agrícola de cada nación. El economista Sergio Armella subraya que, aunque las mediciones históricas guardan márgenes de volatilidad, el patrón general confirma que este choque climático tiende a lastrar el ritmo productivo regional, golpeando con especial fuerza a los sectores de oferta.
Ecuador y Brasil cargan con el mayor costo
Dentro del bloque de las principales economías latinoamericanas, Ecuador encabeza los riesgos con una posible contracción acumulada de hasta 1,85 puntos porcentuales en su crecimiento económico durante los cuatro trimestres posteriores al evento. El país depende en más de dos tercios de la generación hidroeléctrica, lo que deja a su infraestructura en extrema vulnerabilidad frente a deslaves, lluvias desbordadas en la costa y cortes del fluido eléctrico. Por su parte, el banco central ecuatoriano calcula que un episodio de alta intensidad podría restar 1,4 puntos porcentuales al Producto Interno Bruto (PIB) hacia 2027.
En una línea similar de preocupación se ubica Brasil, donde se proyecta una pérdida de 1,21 puntos porcentuales. El Niño suele provocar sequías en las cuencas del norte brasileño mientras desata precipitaciones moderadas en el sur. Tomando en cuenta que la hidroelectricidad aporta la mitad de la energía del gigante sudamericano, el vaciado de los embalses comprometería tanto la matriz energética como el rendimiento de cultivos clave como el café y la soja.
La excepción de las pampas y el bajo impacto en el norte
En agudo contraste, Argentina figura como la gran beneficiada del ciclo. El incremento sostenido de las precipitaciones en la pampa húmeda suele mejorar las condiciones del suelo, proyectando un empuje favorable de hasta 2,57 puntos porcentuales sobre su economía. Este impulso agrícola no solo fortalecería el ingreso de divisas al mercado cambiario, sino que serviría de soporte a la recuperación económica prevista para 2027.
En tanto, naciones como México y Chile exhiben una exposición considerablemente menor:
- México: Registra variaciones mínimas de temperatura y efectos marginales tanto en el PIB como en el costo de la canasta básica.
- Chile: Sus autoridades monetarias estiman un efecto negativo moderado que tiende a diluirse por completo al cabo de doce meses.
- Perú: Si bien un fenómeno global tiene un impacto casi nulo en su cifra agregada, la amenaza real reside en El Niño Costero, un evento focalizado que podría recortar hasta 0,9 puntos porcentuales de su crecimiento si deviene en inundaciones extremas.
Alimentos, inflación y el dilema de los bancos centrales
El golpe secundario —y quizás el más inmediato para los hogares— se concentrará en el bolsillo. Las estimaciones apuntan a un repunte promedio de 1,40 puntos porcentuales en el precio de los alimentos en la región. El encarecimiento del transporte por vías fluviales o terrestres dañadas, sumado a las pérdidas en cosechas locales, pondrá a prueba la disciplina monetaria.
Los bancos centrales de Brasil y Colombia, que ya operan con tasas de interés restrictivas y batallan contra expectativas desancladas, se verían forzados a mantener posturas defensivas para evitar una reactivación inflacionaria. En Perú, la solidez económica y las presiones de precios podrían empujar ajustes adicionales al alza, mientras que la atonía del mercado laboral en Chile daría margen a sus rectores para postergar cualquier endurecimiento financiero.