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El pacto petrolero entre EE.UU. y Venezuela: Entre el pragmatismo económico y el riesgo de revivir viejos fantasmas populistas

Publicadomartes, 1 de septiembre de 2026, 8:45 p. m.
El pacto petrolero entre EE.UU. y Venezuela: Entre el pragmatismo económico y el riesgo de revivir viejos fantasmas populistas

El reciente y polémico acuerdo petrolero anunciado entre la administración de Donald Trump y el gobierno interino de Venezuela, encabezado por Delcy Rodríguez, ha abierto un complejo debate geopolítico en el hemisferio. Mientras Washington presenta el entendimiento como un triunfo estratégico que otorgará a Estados Unidos el control mayoritario sobre más de 65,000 millones de barriles de reservas probadas de crudo, expertos en política exterior advierten sobre los profundos efectos secundarios que esta maniobra podría desencadenar en la región.

Uno de los principales focos de preocupación radica en el despertar del llamado «nacionalismo de los recursos». Históricamente, América Latina ha sido un terreno fértil para el surgimiento de liderazgos populistas de izquierda y discursos antiamericanos fundamentados en la percepción de que las potencias extranjeras buscan despojar las riquezas naturales locales. La retórica de que Estados Unidos pasa a ser «dueño» directo del crudo venezolano —en contraposición a un comprador convencional dentro del mercado— podría alimentar con facilidad narrativas radicales similares a las que en su momento impulsaron figuras como Hugo Chávez o Fidel Castro.

Militarización comercial y riesgos de opacidad

El acuerdo no solo redefine el tablero diplomático, sino que también introduce mecanismos inusuales para la política institucional estadounidense. La posible implicación de entidades castrenses, como la Oficina de Capital Estratégico del Pentágono en la compra de acciones y alianzas con actores privados para canalizar la producción, marca un giro significativo en el rol tradicional de las fuerzas armadas bajo un sistema democrático.

Especialistas señalan que convertir a instituciones estatales o militares en socios directos de empresas extractivas emula dinámicas estatistas que históricamente han tenido resultados funestos en América Latina, caracterizados por crisis de gobernanza y falta de rendición de cuentas. En un esquema donde se comprometen miles de millones de dólares y las negociaciones se realizan con escasa transparencia y débiles contrapesos institucionales, el riesgo de corrupción y distorsión de la misión de defensa nacional se incrementa considerablemente.

Un respiro financiero para el régimen y el dilema de la oposición

Para el oficialismo venezolano, el pacto representa una tabla de salvación económica crucial tras años de colapso productivo. Pese a ceder terreno en el control de sus reservas, la administración de Delcy Rodríguez proyecta cuantiosas inversiones que podrían reactivar el flujo de ingresos fiscales, logrando una bocanada de aire fresco financiero sin precedentes en la última década.

En contraste, los sectores de la oposición venezolana han recibido el anuncio con desconcierto y frustración. Tras albergar expectativas de un cambio de régimen y una transición formal hacia la democracia respaldada por Washington, el escenario actual parece priorizar el acceso pragmático a recursos energéticos de bajo costo por encima de exigencias electorales o institucionales, dejando en un limbo político a los liderazgos democráticos que reclamaban un cambio estructural en el país.