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El viraje a la derecha en América Latina redefine su geopolítica y afianza una alianza estratégica con Israel

Publicadojue, 29 oct 2026, 10:45 a. m.
El viraje a la derecha en América Latina redefine su geopolítica y afianza una alianza estratégica con Israel

El tablero geopolítico de América Latina experimenta una de sus transformaciones más profundas en las últimas décadas. A pesar de que Luiz Inácio Lula da Silva logró retener el poder en Brasil tras imponerse a Flávio Bolsonaro, el balance general de la región muestra un marcado viraje hacia la derecha: en 11 de los últimos 16 comicios presidenciales han triunfado alternativas conservadoras o de derecha radical. Este reacomodo no solo altera las dinámicas internas de cada nación, sino que ha abierto una etapa de florecimiento diplomático con Israel, justo en un momento de fuerte aislamiento internacional para el gobierno de Benjamin Netanyahu tras el conflicto desatado en Gaza.

Un giro pendular en las relaciones exteriores

El contraste con el ciclo político anterior no podría ser más nítido. Durante los mandatos de Gustavo Petro en Colombia, Gabriel Boric en Chile y Nicolás Maduro en Venezuela, las críticas hacia Tel Aviv por su ofensiva militar —con un saldo devastador en vidas humanas tras los atentados de Hamás de octubre de 2023— derivaron en congelamientos diplomáticos y expulsión de embajadores. Hoy, ese escenario se ha invertido drásticamente.

En Colombia, la llegada al poder de Abelardo de la Espriella marcó una ruptura total con la postura de su antecesor: no solo restableció los vínculos bilaterales y reabrió la delegación en Jerusalén, sino que reconoció la soberanía israelí sobre los Altos del Golán, convirtiéndose en el segundo país del mundo en adoptar esta medida después de Estados Unidos. Un camino similar transitó Bolivia con el presidente Rodrigo Paz, quien reactivó los nexos rotos durante dos años, mientras que en Chile, la administración de José Antonio Kast designó a su nuevo embajador para llenar un vacío de más de dos años. A este bloque se suman Costa Rica, con Laura Fernández impulsando un tratado de libre comercio bilateral; Perú, con Keiko Fujimori cortando lazos con Irán; y Venezuela, donde Delcy Rodríguez reanudó relaciones consulares tras 17 años de distanciamiento. Por su parte, la Argentina de Javier Milei continúa consolidándose como el principal bastión ideológico de Netanyahu en el Cono Sur a través de iniciativas como los denominados "Acuerdos de Isaac".

La triangulación con Washington

Detrás de este alineamiento existe un componente pragmático impulsado por Donald Trump desde la Casa Blanca. Los analistas internacionales identifican una estrategia de triangulación: para muchos gobernantes de la nueva derecha latinoamericana, manifestar un respaldo incondicional a Israel representa la vía más rápida y efectiva para sintonizar con la agenda exterior estadounidense.

El caso paraguayo ilustra con claridad esta dinámica: el mandatario Santiago Peña formalizó el traslado de su embajada a Jerusalén tras mantener conversaciones directas con Trump en París. Esta convergencia también se materializa en proyectos de seguridad continental como el "Escudo de las Américas", donde más de una docena de países buscan estrechar su cooperación militar y de inteligencia en conjunto con Estados Unidos e Israel.

El peso de la fe en la política exterior

El factor ideológico y diplomático no camina solo; encuentra un sólido anclaje en el auge del electorado evangélico en toda la región. Gobiernos como el de Nasry Asfura en Honduras o el de De la Espriella en Colombia han consolidado alianzas estratégicas con comunidades protestantes que respaldan a Israel desde una cosmovisión teológica.

Este respaldo popular permite a los nuevos mandatarios capitalizar réditos internos mientras ejecutan giros doctrinales en sus cancillerías. De esta forma, lo que hasta hace poco era un continente reticente y crítico con la política exterior israelí, hoy se proyecta como uno de sus refugios diplomáticos más sólidos, al punto de que la cancillería de ese país ya ha catalogado a 2026 como el "Año de América Latina". Salvo excepciones de peso como México, encabezado por Claudia Sheinbaum, y el Brasil de Lula, el hemisferio baila hoy al compás de una nueva sintonía global.