Frente a las presiones de Washington, Canadá acelera un histórico viraje hacia la Unión Europea

El mapa geopolítico occidental atraviesa un reacomodo profundo. Las crecientes fricciones diplomáticas y arancelarias entre Washington y Ottawa han acelerado un acercamiento que hace apenas unos años parecía impensable: el afianzamiento de los lazos entre Canadá y la Unión Europea. Frente a la retórica expansionista del presidente Donald Trump y su ofensiva proteccionista, el primer ministro canadiense, Mark Carney, ha decidido mirar con firmeza hacia el otro lado del Atlántico en busca de una «alianza única» que proteja los intereses de su nación.
La chispa del conflicto y la respuesta de Ottawa
El detonante principal de esta maniobra diplomática radica en el deterioro de las negociaciones bilaterales entre Estados Unidos y su vecino del norte. Tras el colapso del diálogo sobre comercio y la imposición de gravámenes generales por parte de la Casa Blanca —acompañados de publicaciones polémicas de Trump sugiriendo la anexión de Canadá y Groenlandia—, Carney optó por una línea dura. A diferencia de otros socios internacionales que asumieron una postura de contención pasiva, Ottawa respondió de inmediato aplicando aranceles compensatorios para defender su soberanía económica.
Este pulso ha capturado la atención de los líderes comunitarios en Bruselas. En un gesto de alto simbolismo político, Carney viajó a Estrasburgo para participar en los eventos vinculados al discurso anual sobre el Estado de la Unión de Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea, además de dirigirse directamente al pleno del Parlamento Europeo. Ambas partes buscan formalizar un marco de cooperación tan estrecho como sea jurídicamente viable sin violar las normas de membresía del bloque comunitario.
Áreas estratégicas: reducir la sombra de Washington
El objetivo no oficial de este acercamiento apunta a disminuir la histórica dependencia mutua frente al mercado estadounidense en sectores críticos:
- Seguridad energética: Canadá dispone de vastas reservas de gas natural licuado (GNL), recurso indispensable para una Europa que ha recortado drásticamente sus suministros desde Rusia.
- Minerales críticos y materias primas: Ottawa posee insumos clave para la transición ecológica y tecnológica global.
- Defensa y adquisiciones militares: Tras la imposición de aranceles estadounidenses, Canadá ha orientado parte de sus compras de defensa hacia fabricantes europeos, adquiriendo submarinos alemanes y aeronaves de alerta temprana de la sueca Saab.
- Desarrollo tecnológico: Fortalecer capacidades conjuntas frente al dominio dominante de las corporaciones estadounidenses y chinas.
El peso de los números y la cautela europea
Aunque el Tratado Integral de Economía y Comercio (CETA) ya ha suprimido casi la totalidad de las tarifas aduaneras entre Canadá y la UE, sustituir el peso comercial de Estados Unidos es un reto monumental. El intercambio bilateral entre Ottawa y Washington supera los 900.000 millones de dólares anuales —acaparando cerca del 70% de las exportaciones canadienses—, mientras que el comercio con los 27 socios europeos ronda los 130.000 millones. El gobierno canadiense se ha fijado la meta de duplicar su comercio con terceros países en la próxima década para diversificar sus cadenas de suministro.
Por el lado europeo, el entusiasmo viene acompañado de prudencia. Con citas electorales clave en el horizonte de potencias como Francia e Italia, varias cancillerías prefieren mantener las conversaciones en un plano institucional y reservado para evitar represalias inmediatas de Washington. La próxima cumbre bilateral programada para finales de mes marcará el inicio formal de las mesas de trabajo técnico, sentando las bases de un nuevo equilibrio internacional basado en reglas claras frente a la imprevisibilidad de las superpotencias.