Fuego cruzado en Yemen: La reactivación de la guerra en Taiz pone en jaque la estabilidad global

El zumbido constante de drones en el cielo del suroeste de Yemen es la antesala inequívoca del fuego de artillería. En las montañas que rodean Taiz, la tercera ciudad más importante del país y su corazón cultural, la línea de combate se ha vuelto difusa tras el colapso del cese al fuego que rigió durante casi cuatro años. La reciente captura del puerto de Mokha por parte de los rebeldes hutíes ha encendido las alarmas internacionales al comprometer el estrecho de Bab el-Mandeb, una arteria marítima fundamental para el tránsito de mercancías y petróleo entre Europa y Asia.
Un frente montañoso bajo asedio constante
El avance de las milicias hutíes hacia posiciones elevadas que conectan a Taiz con las provincias del sur amenaza con cercar completamente las rutas de abastecimiento de las fuerzas gubernamentales, respaldadas por una coalición que lidera Arabia Saudita. En los puestos de avanzada, la devastación es total: aldeas enteras han quedado reducidas a pueblos fantasma donde solo resuenan las ráfagas de fusilería y el mortero. Civiles como Ali, un campesino local que resiste junto a su rebaño a menos de un kilómetro del frente, reflejan el dilema de miles de familias. Pese al terror cotidiano, muchos no abandonan sus tierras porque perder su ganado significaría morir de hambre.
En las trincheras, los soldados del gobierno reconocen la brutalidad de esta nueva ofensiva, caracterizada por el despliegue intensivo de drones de ataque y el uso recurrente de menores en las filas rebeldes. La violencia en los accesos montañosos es tan severa que decenas de cadáveres de combatientes yacen en tierra de nadie sin que sus compañeros puedan recuperarlos debido al fuego cruzado incesante.
Colapso hospitalario y víctimas inocentes
El impacto sobre la población civil es desolador. En las salas del Hospital Al-Thawra de Taiz, la unidad de cuidados intensivos trabaja al límite de su capacidad recibiendo heridos tanto militares como civiles. Entre los casos más desgarradores se encuentra el de Ghana Nabeel, una niña de apenas 12 años que pastoreaba ganado cuando una esquirla de mortero le perforó el cráneo, dejándola en coma con severos daños cerebrales irreversibles.
Al sur de la urbe, el campamento de desplazados de Al-Monig se expande a un ritmo alarmante con la llegada continua de familias provenientes de Mokha y comunidades aledañas. Familias como la de Maryam Saleh debieron caminar descalzas esquivando francotiradores para salvar a sus cinco hijos, perdiendo familiares en la huida. La crudeza del éxodo la personifica también Fatma Mohammed Saleh, una mujer con discapacidad motriz que tuvo que arrastrarse por dos días entre balaceras hasta que un motociclista la auxilió y la trasladó al campamento.
Un éxodo masivo que amenaza con desbordarse
De acuerdo con los datos de las agencias de Naciones Unidas para los refugiados, más de 130.000 personas han sido forzadas a abandonar sus hogares solo en el último mes a raíz de este recrudecimiento armado, sumándose a los más de 5,2 millones de desplazados que acumula la guerra civil yemení. Los organismos humanitarios advierten que, de continuar la ofensiva sobre Taiz y las costas del mar Rojo, al menos otras 100.000 personas se verán forzadas a huir en las próximas semanas, profundizando lo que ya es una de las mayores crisis humanitarias del planeta.