Israel en jaque: Los cuatro escenarios que se abren tras el empate entre Netanyahu y Eisenkot

Tras el escrutinio de más del 85% de los sufragios en los comicios legislativos, el panorama político en Israel ha caído en un complejo punto muerto. Ni el bloque encabezado por el actual primer ministro, Benjamín Netanyahu, ni la coalición opositora articulada en torno a Gadi Eisenkot disponen de los escaños suficientes para alcanzar una mayoría absoluta en el parlamento. Ante este tablero trabado, cualquier intento de formar gobierno exigirá que las fuerzas en pugna rompan sus compromesas centrales de campaña, perfilando cuatro escenarios inmediatos.
1. Un gobierno de unidad nacional
La primera vía contempla un pacto entre el partido Likud de Netanyahu y el movimiento Yashar de Eisenkot. No obstante, las barreras políticas e ideológicas son profundas: Eisenkot construyó toda su plataforma electoral bajo la premisa de desplazar del poder a Netanyahu, a quien acusó públicamente de fomentar la división y una «cultura de mentiras».
Para que esta fórmula prospere, Netanyahu tendría que desprenderse de sus aliados ultraortodoxos y de extrema derecha, una maniobra que desarticularía su actual base de sustento. Sin embargo, analistas coinciden en que una hipotética reactivación o escalada del conflicto con Irán podría funcionar como catalizador, forzando un pacto de emergencia nacional bajo el argumento de la seguridad del Estado.
2. Bloque opositor con respaldo de los partidos árabes
La gran sorpresa de la jornada fue la histórica participación de la minoría árabe del país, un sector que representa cerca del 20% de la población y que tradicionalmente se abstenía de votar en protesta contra el sistema. Con proyecciones que les otorgan un récord de unos 19 escaños, la Lista Conjunta (12 curules) y la Lista Árabe Unida (7 curules) tienen en sus manos la llave matemática para permitirle a Eisenkot desplazar a la coalición oficialista.
Pese a esto, la opción enfrenta una resistencia feroz: prácticamente todos los líderes judíos del bloque opositor, a excepción de Yair Golan (del partido Los Demócratas), han descartado pactar con estas formaciones. Un entendimiento de este tipo constituiría un hito sin precedentes en la historia reciente, pero resultaría extremadamente frágil a la hora de abordar asuntos álgidos como el destino de Gaza y Cisjordania.
3. Disidencias en la derecha tradicional
Otro camino explorado por el oficialismo consiste en captar a figuras conservadoras que hoy militan en la oposición, particularmente a Naftalí Bennett (coalición Beyachad) y Avigdor Lieberman (Israel Beiteinu). Aunque ambos comparten una postura dura en materia de defensa cercana a la del Likud, también prometieron expulsar a Netanyahu del poder y han chocado de frente con los partidos religiosos al exigir el servicio militar obligatorio para los jóvenes ultraortodoxos.
Sustituir a los ultraortodoxos por las facciones de Bennett y Lieberman plantea dudas numéricas sobre si los escaños bastarían para sostener un mandato sólido, dejando esta maniobra en terreno especulativo.
4. El retorno a las urnas
De agotarse las negociaciones sin acuerdos viables, el desenlace por defecto será la convocatoria a nuevas elecciones generales, una dinámica recurrente en la política israelí, que ya experimentó cinco citas electorales consecutivas entre 2019 y 2022.
Este desenlace favorecería provisionalmente a Netanyahu, quien permanecería como primer ministro interino mientras se organiza el nuevo proceso electoral. En su estrategia, el veterano mandatario podría apostar al desgaste del voto árabe, a una mayor movilización de las bases conservadoras y al hecho de que decenas de miles de votantes en el exterior no vuelvan a viajar para sufragar en su contra.