Las pruebas ocultas que reactivan las sospechas sobre los nexos entre Arabia Saudita y el 11-S

A más de dos décadas de los atentados del 11 de septiembre de 2001, una serie de pruebas visuales y documentales recientemente desclasificadas ha devuelto al primer plano judicial la presunta implicación de agentes estatales de Arabia Saudita en el mayor atentado en suelo estadounidense. En el centro de una multimillonaria demanda civil interpuesta por los familiares de las víctimas figura Omar al-Bayoumi, un ciudadano saudí que siempre se presentó públicamente como un simple estudiante, pero cuyos registros e interacciones apuntan a un esquema de coordinación mucho más profundo con extremistas y delegados diplomáticos de Riad.
Maniobras tácticas y conexiones con el extremismo
Entre los hallazgos integrados al expediente judicial destacan grabaciones audiovisuales previas a los ataques en las que Bayoumi aparece compartiendo con Anwar al-Awlaki, el clérigo radical que posteriormente se consolidó como líder de al Qaeda en la Península Arábiga antes de ser abatido en 2011. En los videos se observa a ambos participando en sesiones de combate simulado con marcadoras de paintball en las afueras de San Diego, junto a funcionarios del Ministerio de Asuntos Islámicos saudí, realizando tácticas de tiro con uniformes militares y arengas religiosas.
Estas evidencias contradicen de manera frontal los testimonios de Bayoumi, quien durante casi veinticinco años juró no haber tenido relación con Awlaki ni conocimiento alguno sobre actividades subversivas. Asimismo, las imágenes documentan la cercanía constante del sospechoso con miembros de la diplomacia religiosa de Riad, una estructura que en su momento canalizó millones de dólares hacia el extranjero y bajo la cual operaban predicadores de doctrina ultraconservadora.
La ecuación de impacto archivada
El aspecto más crítico de las pesquisas radica en una prueba incautada tras la detención de Bayoumi en el Reino Unido apenas diez días después de los atentados. La policía británica halló entre sus pertenencias un cuaderno con un esquema manuscrito que detallaba la silueta de un avión junto a un cálculo matemático para el descenso y aproximación a un blanco en tierra.
Expertos legales vinculados a las familias de las víctimas han calificado esta fórmula como una evidencia determinante de conocimiento previo de la maniobra aérea empleada en Nueva York y el Pentágono. Pese a que el documento llegó a manos de mandos del FBI en Londres y Nueva York casi de inmediato, nunca fue remitido a los detectives británicos que interrogaban al sospechoso, ni a la oficina de campo de San Diego que investigaba el alquiler del apartamento que Bayoumi facilitó a dos de los secuestradores: Nawaf al-Hazmi y Khalid al-Mihdhar.
Presiones y el blindaje diplomático
El manejo interno del caso generó fricciones entre los propios investigadores federales. Diversos agentes encargados de las pesquisas en California denunciaron haber recibido negativas tajantes por parte de las sedes centrales en Washington al intentar interrogar a diplomáticos saudíes vinculados a la red de Bayoumi. En 2001, el sospechoso fue liberado por las autoridades británicas al no formalizarse una solicitud de extradición desde Estados Unidos bajo el argumento de insuficiencia probatoria.
Posteriormente, en 2003, la Comisión del 11-S entrevistó a Bayoumi en Riad bajo la supervisión de la policía secreta saudí (Mabahith), exonerándolo en su informe final de 2004 al describirlo como una figura sociable sin nexos terroristas evidentes. No obstante, dicho panel investigador concluyó sus labores sin haber tenido acceso al diagrama de altitud de vuelo ni a los registros audiovisuales que hoy, en los tribunales federales, amenazan con reescribir la narrativa oficial sobre los apoyos logísticos que hicieron posible el 11 de septiembre.