Moscú intensifica su ofensiva sobre Kyiv con el despliegue masivo de drones a reacción Geran-3

El conflicto armado en Europa del Este ha entrado en una fase tecnológica aún más crítica. Durante las últimas semanas, las fuerzas rusas han multiplicado el uso de sus nuevos drones no tripulados Geran-3, equipados con propulsión a reacción, golpeando sistemáticamente objetivos clave en Kyiv y otras ciudades ucranianas. Este incremento en el despliegue representa un salto cualitativo que complica severamente las capacidades de intercepción del escudo defensivo ucraniano.
De acuerdo con los registros de las operaciones aéreas, los ataques con estos artefactos pasaron de registrar 350 incursiones en junio a unas 1,600 en julio, alcanzando una cifra récord que superó las 2,800 maniobras ofensivas durante agosto. A diferencia de los modelos precedentes impulsados por hélices, los Geran-3 integran motores turborreactores —con componentes que, según los servicios de inteligencia ucranianos, tendrían procedencia china— capaces de desarrollar velocidades superiores a los 480 kilómetros por hora, rebasando el umbral de respuesta de la mayoría de los interceptores tácticos de Kyiv.
Un híbrido entre dron y misil de crucero
Analistas de defensa e institutos estratégicos señalan que esta evolución responde tanto a necesidades tácticas como a una lógica de costo-beneficio. Al incorporar turborreactores a plataformas no tripuladas, Moscú ha logrado desdibujar la frontera entre un dron suicida convencional y un misil de crucero de bajo costo. Aunque estas municiones autónomas cargan ojivas más reducidas y son más sensibles a la guerra electrónica que los misiles convencionales de alto calibre, su bajo coste de ensamblaje permite saturar el espacio aéreo mediante oleadas masivas que combinan drones señuelo, misiles balísticos e impactos guiados.
Las consecuencias humanas y logísticas de esta escalada han sido contundentes. A inicios de septiembre, una andanada de estos aparatos causó la muerte de al menos 12 personas y dejó una veintena de heridos, incluidos seis operarios ferroviarios en la capital ucraniana. La amenaza ha traspasado incluso fronteras: recientemente un dron a reacción vulneró el espacio aéreo de Moldavia, provocando demoras en el aeropuerto de Chisináu justo cuando la comitiva del presidente Volodymyr Zelensky se encontraba en la terminal.
La carrera por la contraofensiva aérea
Frente a este escenario, Kyiv busca acelerar sus contramedidas. El general de división Vadym Skibitskyi, subjefe de la inteligencia militar ucraniana, subrayó la urgencia de dotar a sus tropas de nuevos misiles interceptores que puedan igualar la aceleración de estos artefactos. A raíz de esto, el ministro de Defensa, Yevhenii Khmara, instruyó a cuatro empresas locales a iniciar la producción a gran escala de defensas especializadas para neutralizar a los Geran-3.
Paralelamente, imágenes de reconocimiento satelital confirman que el Kremlin ha adaptado su infraestructura logística para este armamento. La base de Tsymbulova, ubicada en la provincia rusa de Oryol a unos 175 kilómetros de la frontera con Ucrania, ha sido reacondicionada con rieles de lanzamiento extendidos, consolidándose como uno de los principales enclaves desde donde se orquesta el asedio aéreo constante contra territorio ucraniano.