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Redes de propaganda prorrusa explotan la violencia sexual y rostros de soldados ucranianas como cebo digital

Publicadolunes, 7 de septiembre de 2026, 2:45 a. m.
Redes de propaganda prorrusa explotan la violencia sexual y rostros de soldados ucranianas como cebo digital

El uso de la violencia sexual como arma de guerra ha encontrado un oscuro canal de propagación en el ecosistema digital. A través de plataformas de mensajería masiva, particularmente Telegram, opera un sofisticado entramado de propaganda que instrumentaliza la imagen de mujeres pertenecientes o vinculadas a las fuerzas armadas ucranianas, inventando crudos relatos de agresiones sexuales y ejecuciones para captar millones de usuarios hacia comunidades pro-Kremlin.

Un anzuelo perverso basado en el morbo y el engaño

El mecanismo detrás de esta estrategia responde a una fórmula calculada: se toman fotografías públicas y reales de combatientes, médicas de combate y voluntarias —como la paramédica georgiana Keti Leshkasheli o la legisladora regional Lesia Palahniuk— y se acompañan con textos alarmantes que aseguran falsamente que fueron capturadas, torturadas o violadas. Las publicaciones prometen enlaces con supuestas pruebas en video de los vejámenes, pero al acceder, los usuarios son redirigidos a canales privados repletos de propaganda bélica favorable a Moscú.

Investigaciones sobre desinformación digital han identificado más de 6,500 anuncios de esta naturaleza diseminados en cerca de 1,700 canales secundarios, acumulando más de 65 millones de visualizaciones combinadas. Además del morbo, las publicaciones suelen incorporar insultos degradantes y acusaciones infundadas de crímenes de guerra contra las mujeres para amplificar el odio étnico y normalizar la violencia contra Ucrania.

La maquinaria de monetización bélica

Detrás de estas campañas no solo subyace un objetivo ideológico, sino también un lucrativo negocio. Varios de los canales principales impulsados por estos cebos morbosos superan el millón de seguidores; uno de los casos más notorios, Pryamoy Efir Novosti, acumula casi 4 millones de suscriptores, ubicándose a la par de los grandes medios estatales rusos.

Con audiencias masivas consolidadas mediante estas tácticas de atracción, estos espacios venden publicidad a grandes entidades corporativas, cobrando tarifas que pueden alcanzar hasta medio millón de rublos (más de 6,500 dólares) por inserción. Aunque la mayor parte de los enlaces originales van siendo borrados con el tiempo, el flujo de nuevos cebos automatizados no se detiene, replicándose además en plataformas como YouTube, TikTok y VKontakte.

Impunidad digital y secuelas psicológicas

Para las víctimas, la experiencia representa una pesadilla de acoso y daño moral continuo. Figuras como Yuliia Mala y la voluntaria rusa Oleksandra han denunciado montajes fotográficos donde sus rostros son colocados digitalmente sobre cuerpos desnudos, desatando olas de mensajes de pánico entre sus familiares y amigos en el frente. Pese a las constantes denuncias interpuestas ante los administradores de Telegram, las medidas de moderación han sido prácticamente nulas, dejando a las afectadas lidiando con el estigma y la revictimización en medio de un conflicto que trasciende las trincheras físicas para librarse también en la pantalla.