El mercado de bonos pierde la fe en que un Congreso dividido frene el déficit en EE.UU.

Durante décadas, un Congreso dividido en Washington fue considerado música para los oídos del mercado de bonos. La parálisis política impedía la aprobación de costosos paquetes de gasto público, poniendo un freno automático al endeudamiento y empujando a la baja los rendimientos de la deuda soberana. Sin embargo, en el actual ciclo político de Estados Unidos, los inversionistas muestran un escepticismo rotundo frente a esa vieja fórmula.
La magnitud del desequilibrio fiscal estadounidense ha cambiado drásticamente las reglas del juego. Con una deuda pública en manos de terceros que ya sobrepasa los US$32 billones y un déficit presupuestario rondando el 6% del PIB —un nivel inusualmente alto fuera de un período de recesión—, la simple abstención de nuevas leyes no basta. Con tasas de interés en niveles no vistos en casi un cuarto de siglo, los costos netos por servicio de la deuda han superado la barrera del US$1 billón anual, superando incluso el presupuesto nacional de defensa.
El costo del estancamiento
Frente a este panorama, analistas y gestores de fondos señalan que la parálisis legislativa ya no es garantía de alivio. "El mercado de bonos espera algún tipo de medida política que permita controlar el gasto y la deuda", subraya Henry Song, gestor de carteras de Diamond Hill, firma que administra unos US$21.000 millones. Para Song, dos años de inacción se traducirán inevitablemente en un aumento acumulativo del endeudamiento, lo que deja a los compradores de bonos a largo plazo sin un incentivo claro ante el riesgo de mayores alzas en los rendimientos.
Una postura similar sostiene George Catrambone, director de renta fija de DWS Americas, quien cuestiona la idea de que la disfunción sea beneficiosa. Dejar la estabilidad fiscal a merced del mercado secundario de deuda, en un contexto donde los títulos a 10 años han coqueteado con el 5,4%, supone una presión severa que la economía real —especialmente sectores sensibles como el hipotecario— difícilmente podrá absorber sin consecuencias.
Factores en juego: refinanciación y política monetaria
La dinámica de las subastas añade otra capa de complejidad. El Departamento del Tesoro tiene previsto presentar sus planes trimestrales de refinanciación, una cita técnica crucial donde se podría calibrar la emisión entre títulos de largo plazo y letras a corto plazo para mitigar la presión en la curva de rendimientos. Economistas de TD Securities, como Molly Brooks y Gennadiy Goldberg, apuntan a que, aun con un eventual bloqueo en el Capitolio, el déficit estadounidense continuará su trayectoria ascendente hasta alcanzar el 6,4% del PIB para el año fiscal 2027.
Por otro lado, analistas como George Goncalves, estratega macroeconómico en MUFG, advierten que el desenlace electoral también afectará a sectores clave como la inteligencia artificial mediante regulaciones o emisión de deuda corporativa, lo que mantendrá volátil el apetito por la renta fija.
Para figuras veteranas de Wall Street como Sonal Desai, directora global de inversiones en Franklin Templeton Fixed Income, el trasfondo trasciende las etiquetas partidarias. La ejecutiva concluye que la complacencia con el gasto es generalizada entre los legisladores, por lo que el mercado requerirá señales de desaceleración económica palpable o una postura mucho más disciplinada de los inversores antes de ver un giro constructivo y duradero en la deuda del Tesoro.