Elecciones en Brasil y presión fiscal: el dilema que definirá el rumbo del real

La carrera hacia el Palacio de Planalto entra en su fase más decisiva con un pulso cerrado entre Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Más allá de la tensión electoral y de una eventual segunda vuelta prevista para finales de octubre, los operadores financieros ya miran el horizonte posterior a las urnas. La gran incógnita no reside únicamente en quién se alzará con la presidencia, sino en la capacidad y voluntad de la próxima administración para contener un déficit fiscal que amenaza con desestabilizar la moneda.
El real brasileño se mantiene rondando las 5,20 unidades por dólar, apoyado en un entorno de rendimientos elevados, pero perdiendo fuelle de cara al cierre de año. En los círculos financieros internacionales predomina una premisa: la reacción inicial tras el conteo de votos será efímera si no viene respaldada por un compromiso explícito de contención del gasto público.
El abanico cambiario: entre el alivio fiscal y el riesgo de depreciación
Los modelos de valoración apuntan a dos caminos radicalmente divergentes para el tipo de cambio, condicionados por la prima de riesgo fiscal que el mercado decida incorporar tras los comicios:
- Escenario de consolidación y ajuste: Si la administración entrante presenta un plan creíble y restrictivo, el real podría apreciarse hacia una franja de entre 4,50 y 4,80 por dólar, borrando las primas de riesgo acumuladas en los últimos ejercicios.
- Escenario de deterioro fiscal: Si reaparecen las dudas sobre la sostenibilidad de las cuentas públicas, la moneda podría sufrir una depreciación de hasta un 14%, empujando la cotización hacia niveles cercanos a 5,80 por dólar, o estabilizándose en 5,40 bajo presiones intermedias.
Analistas de firmas como Goldman Sachs y Citi coinciden en que, más allá del resultado nominal, el rumbo dependerá de las señales tempranas sobre el equipo económico y los objetivos de déficit primario.
Tasas elevadas frente a un endeudamiento desafiante
La fortaleza que aún conserva la divisa responde principalmente al atractivo del carry trade. Con la tasa Selic situada en 13,75%, los rendimientos reales de Brasil continúan entre los más altos del mundo emergente, encareciendo cualquier apuesta especulativa en contra del real. No obstante, este esquema representa un arma de doble filo: sostiene el tipo de cambio a corto plazo, pero infla significativamente la carga de intereses del Estado.
El punto de partida macroeconómico exhibe desequilibrios notorios. La deuda bruta ronda el 82,5% del PIB y el déficit nominal supera el 9%, mientras que cerca del 92% del gasto público primario está comprometido por ley. Estabilizar la deuda en torno al 85% del PIB demandará un esfuerzo fiscal de gran magnitud, obligando al futuro mandatario a impulsar ajustes que requerirán amplio capital político en el Congreso.
Las anclas estructurales y la impaciencia del mercado
Pese al ruido interno, Brasil cuenta con amortiguadores externos significativos. Las reservas internacionales se ubican en torno a los US$371.000 millones, la inversión extranjera directa cubre holgadamente el déficit de cuenta corriente y la producción de crudo marca récords de 4,5 millones de barriles diarios, otorgando una solidez que amortigua choques externos.
Sin embargo, estas reservas y amortiguadores no bastarán para blindar a la moneda si el nuevo gobierno desatiende la trayectoria de la deuda. Gane Lula o gane Bolsonaro, el veredicto del mercado cambiario dependerá de la rapidez y seriedad con la que se articule la política económica a partir de noviembre.