domingo, 13 de septiembre de 2026
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La fiebre del capital privado por la inteligencia artificial despierta alarmas de riesgo y concentración en los grandes fondos

Publicadosábado, 12 de septiembre de 2026, 10:50 p. m.
La fiebre del capital privado por la inteligencia artificial despierta alarmas de riesgo y concentración en los grandes fondos

El vertiginoso ritmo con el que el capital privado está canalizando recursos hacia la inteligencia artificial ha comenzado a encender alertas entre algunos de los mayores inversionistas institucionales del planeta. Firmas de la talla de Blackstone Inc. y Apollo Global Management Inc. han desplegado miles de millones de dólares en la infraestructura detrás de este ecosistema; sin embargo, fondos de pensiones, aseguradoras y patrimonios soberanos ahora exigen cuentas claras sobre hasta qué punto sus carteras están expuestas a un único factor tecnológico.

La principal preocupación radica en la omnipresencia silenciosa de la IA a través de múltiples vehículos de inversión. Lo que antes se clasificaba limpiamente como bienes raíces o infraestructura tradicional hoy financia centros de datos de alta densidad, tendidos eléctricos, generación energética y chips avanzados de semiconductores. Entidades de gran peso, como la Junta de Administración del Estado de Florida —con más de 306.800 millones de dólares bajo gestión—, han expresado abiertamente su inquietud por tener demasiados hilos conductores atados a una sola narrativa de mercado, lo que ha llevado incluso a planes de pensiones canadienses a rechazar coinversiones lucrativas en centros de datos para evitar sobreexposiciones no deseadas.

Estructuración de deuda y el dilema de los chips

Uno de los puntos más delicados se encuentra en los vehículos de crédito e infraestructura utilizados para financiar semiconductores bajo demanda. Diversos asesores institucionales cuestionan que se utilicen plataformas concebidas para activos de larga duración —aquellos diseñados para operar durante décadas— en préstamos respaldados por chips cuya vida útil promedio ronda apenas los cinco años. Aunque los fabricantes y operadores tecnológicos ofrecen garantías de valor residual, analistas advierten que dar por sentado que la demanda de estos procesadores superará eternamente a la oferta es un supuesto peligroso que distorsiona la evaluación del riesgo crediticio.

Negocios circulares y falta de visibilidad

A este escenario se suma el fenómeno de las operaciones circulares, donde gigantes tecnológicos invierten capital en firmas emergentes de inteligencia artificial que, a su vez, devuelven esos fondos contratando su propia capacidad de cómputo en la nube. Esta interdependencia financiera recuerda a fases previas de exuberancia tecnológica y complica la lectura objetiva de la demanda real del mercado, elevando el daño potencial ante un frenazo económico o una corrección sectorial severa.

Por el momento, firmas como Brookfield Asset Management y la propia Blackstone continúan expandiendo su huella mediante fondos especializados y transversales. Aunque instituciones como el Fondo de Pensiones de los Docentes de Ontario han sabido capitalizar este auge —obteniendo rendimientos del 9,5% semestral gracias a posiciones estratégicas en compañías como SpaceX—, el consenso general entre los administradores de capital es que la falta de métricas estandarizadas para medir la exposición a la IA plantea un desafío comparable a los momentos de mayor incertidumbre global. La consigna en las juntas directivas es clara: antes de comprometer más miles de millones, urge saber con exactitud dónde termina la promesa y dónde comienza la burbuja.