La fiebre por la salida a bolsa de Anthropic empuja a inversores minoristas a asumir riesgos extremos

El auge de la inteligencia artificial ha desatado una auténtica carrera contrarreloj en Wall Street, pero esta vez la estampida no la encabezan únicamente los grandes fondos institucionales. Miles de inversores particulares están moviendo cielo y tierra para posicionarse en Anthropic antes de su esperado estreno en el parqué, asumiendo riesgos desproporcionados a través de vehículos no tradicionales, contratos secundarios y fondos de inversión alternativos con comisiones exorbitantes.
El fenómeno reproduce y amplifica la euforia vivida previamente con SpaceX. Para muchos pequeños inversores, el temor a llegar tarde supera con creces la cautela financiera: ante la tendencia de las empresas tecnológicas de permanecer privadas durante años y acumular valoraciones multimillonarias antes de cotizar, entrar antes del toque de campana parece la única vía para capturar rentabilidades transformadoras. Casos como el de Brian Smith, un jubilado de 66 años que ha comprometido cerca del 30% de su patrimonio en diversas firmas de corretaje para acceder a estas acciones, ilustran la magnitud de una apuesta donde las advertencias del sector pasan a segundo plano.
Un terreno minado: SPV y restricciones corporativas
El camino hacia estas acciones privadas está lejos de ser despejado. Muchos inversores recurren a vehículos de propósito especial (SPV, por sus siglas en inglés) o acuerdos estructurados de reventa que a menudo ocultan comisiones en cascada o resultan ser simples contratos a plazo sin la titularidad real de los títulos.
A este laberinto se suma la postura de la propia cúpula de Anthropic. Su director ejecutivo, Dario Amodei, ha intensificado los controles para frenar el mercado secundario no autorizado, advirtiendo formalmente que la compañía podría desestimar transferencias de acciones efectuadas sin su consentimiento expreso. A pesar de estas alertas y de testimonios de inversores que han sufrido bloqueos técnicos o pérdidas abruptas al intentar liquidar participaciones en fondos cerrados, la demanda continúa desbordada.
Fondos alternativos: comisiones elevadas y cotizaciones erráticas
Para el público que carece de la acreditación financiera necesaria para ingresar a una SPV exclusiva, la industria de gestión de activos ha diseñado productos cotizados y privados de acceso masivo. Opciones como el Fundrise Innovation Fund (VCX), el ARK Venture Fund de Cathie Wood o los fondos lanzados por Robinhood prometen exposición a nombres de la talla de Anthropic y OpenAI, pero suelen cobrar costes de gestión anuales que oscilan entre el 1,8% y más del 3%.
La experiencia reciente demuestra que estos instrumentos pueden ser armas de doble filo. Sus cotizaciones en el mercado abierto llegan a desvincularse de manera dramática del valor neto real de los activos subyacentes, registrando oscilaciones violentas tras el vencimiento de los periodos de restricción de venta (lock-ups). Pese a la volatilidad, la promesa de participar en compañías que apuntan a valoraciones históricas en el ámbito de la IA mantiene encendida la maquinaria especulativa entre quienes buscan asegurar una porción del futuro tecnológico antes de que la ventana de oportunidad se cierre definitivamente.