La revolución de la tokenización: bonos y acciones sobre blockchain apuntan a mover US$4 billones para 2035

El engranaje tradicional de los mercados de capitales atraviesa una metamorfosis silenciosa pero profunda. Bonos soberanos, acciones corporativas e instrumentos de deuda privada se trasladan progresivamente a la tecnología de registro distribuido (blockchain), transformando mecanismos históricos de emisión, liquidación y custodia. De acuerdo con proyecciones estratégicas del Deutsche Bank, el valor de los activos del mundo real tokenizados —dejando a un lado las stablecoins— escaló vertiginosamente de cerca de US$10.000 millones a inicios de 2025 hasta situarse en unos US$39.000 millones a finales de 2026. Las estimaciones apuntan a que este ecosistema alcanzará entre US$1,5 billones y US$2 billones hacia 2030, con miras a consolidarse entre los US$3 billones y US$4 billones en el horizonte de 2035.
Lejos de desplazar a los intermediarios bancarios, los analistas Marion Laboure y Camilla Siazon enfatizan que la tokenización moderniza la fontanería del sistema financiero global. Hoy por hoy, la compraventa de un título tradicional requiere una compleja cadena de custodios, cámaras de compensación y agentes de registro que concilian saldos de forma desfasada. Al migrar estos procesos a la cadena de bloques, ya sea mediante emisiones nativas directas o mediante representaciones digitales de activos existentes, las instituciones logran automatizar transferencias, fraccionar inversiones en montos mínimos y acelerar liquidaciones intradía. Informes de la firma Finadium revelan que migrar apenas el 15% de las operaciones de financiación institucional a estas redes podría liberar entre un 8% y un 17% de los colchones de liquidez que los bancos deben retener diariamente.
Los bonos del Tesoro lideran la primera ola
El catalizador indiscutible de esta fase embrionaria ha sido la deuda soberana de Estados Unidos. Respaldada por fondos del mercado monetario digitalizados, la deuda del Tesoro tokenizada alcanzó los US$15.000 millones en septiembre de 2026, convirtiéndose en el colateral preferido de los inversionistas institucionales por su perfil libre de riesgo y alta liquidez. Asimismo, la emisión global de renta fija sobre registros descentralizados creció un 48% interanual en 2025, totalizando más de €4.800 millones (unos US$5.650 millones). No obstante, el reto persiste en el mercado secundario: gran parte de estos bonos aún se conservan hasta su fecha de vencimiento, evidenciando una negociación secundaria todavía limitada.
Wall Street prepara el salto de la renta variable
El segmento de las acciones tokenizadas, aunque representa menos del 1% del volumen bursátil global, entra en una etapa decisiva de escalabilidad institucional. Entidades de primer nivel como DTCC alistan el despliegue de plataformas de producción para valores del índice Russell 1000, fondos cotizados (ETF) y títulos de deuda federal. Paralelamente, la Bolsa de Valores de Nueva York (NYSE) diseña su propio ecosistema para operar acciones y ETF las 24 horas del día con liquidaciones casi instantáneas sustentadas en stablecoins reguladas. Al mismo tiempo, el crédito privado estructurado en redes compartidas ya acumula compromisos por US$35.000 millones.
El despegue pleno de esta nueva arquitectura dependerá de resolver barreras operativas críticas: superar la fragmentación técnica entre distintas cadenas de bloques, armonizar marcos regulatorios respecto a los derechos de propiedad y garantizar una integración fluida con los custodios convencionales. La infraestructura financiera del futuro está en plena construcción, redefiniendo la velocidad y el alcance con que circulará el capital global en la próxima década.