Clamor e impotencia en Brisa Oriental tras tragedia que cobró la vida de la esposa de Julián Oro Duro

El pánico y la indignación se han apoderado de las distintas etapas del sector Brisa Oriental, en Santo Domingo Este. La comunidad, ubicada entre la autopista de San Isidro y la avenida Ecológica, atraviesa uno de sus momentos más críticos tras el violento asalto perpetrado contra el reconocido artista Gilberto Julián Sarante Perdomo, conocido popularmente como Julián Oro Duro, suceso en el que trágicamente fue ultimada su esposa, Zeneida Socorro Castillo.
Un vecindario bajo zozobra constante
Los comunitarios aseguran que el crimen no es un hecho aislado, sino la cúspide de una agresiva ola delictiva que golpea la zona desde hace varios meses. Quienes construyeron sus hogares buscando un espacio de paz en el municipio hoy admiten sentirse completamente desamparados frente al accionar de desaprensivos.
"Aquí en esta comunidad hemos trabajado muy duro para tener un techo y tener paz, para tener un poco de tranquilidad en este país, pero definitivamente no se puede", relata con voz entrecortada una residente del área bajo reserva de identidad. De acuerdo con testimonios locales, individuos a bordo de motocicletas circulan sin control a plena luz del día, despojando de sus pertenencias a estudiantes, maestros y transeúntes.
Temor a denunciar y éxodo de residentes
El miedo se ha normalizado a tal punto que la mayoría de los afectados evita exponerse públicamente o presentar denuncias formales ante la Policía Nacional, argumentando una notable inacción por parte de los organismos de seguridad. La falta de patrullaje preventivo y la vulnerabilidad constante han empujado a varias familias, incluyendo comunicadores y otros profesionales, a mudarse del sector tras sufrir robos reiterados en sus propiedades.
Consternación por la familia Sarante Castillo
El impacto por el ataque a Julián Oro Duro ha sido demoledor para el entorno. El merenguero es considerado uno de los primeros en apostar e invertir en el desarrollo de Brisa Oriental, donde mantiene un vínculo cercano y activo con los vecinos.
Mientras la barriada permanece de luto, el clamor unánime exige justicia contundente, presencia policial permanente y acciones que impidan que este crimen quede en la impunidad.