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Del sismo a la calle: Cómo reaccionan el cuerpo y la mente ante el miedo y la violencia

Publicadomié, 30 sept 2026, 10:56 a. m.
Del sismo a la calle: Cómo reaccionan el cuerpo y la mente ante el miedo y la violencia

Los recientes movimientos telúricos de 4.3 y 5.6 grados en la escala de Richter registrados en territorio dominicano dejaron una secuela invisible pero profunda: un estado colectivo de alerta, ansiedad y mentalidad catastrófica. Este fenómeno psicológico no solo se despierta con los temblores; se alimenta día tras día con la percepción de vulnerabilidad ante la delincuencia común, los asaltos en la vía pública y los hechos de violencia cotidiana que sacuden la tranquilidad de los hogares.

El tránsito del modo seguridad al modo amenaza

El doctor en psicología Luis Vergés explica que la mente humana opera usualmente bajo tres esquemas fundamentales: el modo seguridad, el de motivación y el de alerta o amenaza. Cuando un suceso traumático o sorpresivo irrumpe en la rutina, el cerebro desconecta el estado de seguridad y entra de lleno en una fase defensiva en la que se tiende a sobreestimar cualquier peligro inminente.

"Se produce una activación no tan solo telúrica, sino emocional", destaca el especialista. En ese estado, la persona desarrolla una anticipación ansiosa, proyectando escenarios extremos similares a devastaciones ocurridas en otros países o asumiendo que será la próxima víctima de un crimen callejero tras enterarse de un asalto o un homicidio reciente. Este proceso constante de zozobra es el combustible directo para los ataques de pánico y los cuadros de ansiedad generalizada.

Prevenir en lugar de caer en el pánico catastrófico

Frente al miedo sísmico y la zozobra urbana, Vergés enfatiza la necesidad de separar la posibilidad de la probabilidad. Aunque los terremotos son siempre posibles en una isla geológicamente activa, anticipar una catástrofe inminente como una certeza absoluta distorsiona la capacidad de respuesta.

El psicólogo recomienda canalizar esa energía en acciones preventivas estructuradas en lugar de desgastarse en una preocupación desmedida. Cuando la mente adopta un enfoque catastrófico, el individuo termina experimentando una sensación de impotencia que lo desorganiza emocionalmente, reduciendo drásticamente su capacidad de reacción ante una emergencia real.

Conductas de búsqueda de seguridad y el impacto fisiológico

El impacto no es únicamente psicológico; tiene un arraigo biológico tangible. La calle se convierte en un escenario intimidante: dejar de sacar el teléfono celular en público, desconfiar sistemáticamente de repartidores o evitar avenidas concurridas son lo que la psicología denomina conductas de búsqueda de seguridad. Si bien buscar protección es instintivo y necesario, su sobreactivación altera el funcionamiento óptimo de la persona.

A nivel neurobiológico entran en juego dos fases del sistema nervioso: el sistema simpático, responsable de acelerar el ritmo cardíaco y bombear sangre a las extremidades para huir o pelear ante el peligro; y el sistema parasimpático, encargado de restablecer la calma una vez cesa la amenaza. El problema surge cuando la persona permanece anclada en la fase simpática durante días, semanas o meses, sin lograr que su cuerpo regrese al equilibrio basal. En estos casos, donde el miedo paraliza y persiste la sospecha extrema, la intervención profesional de salud mental se vuelve indispensable.