miércoles, 16 de septiembre de 2026
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El auge de las «telenovelas» con IA en República Dominicana: entre la parodia digital y la usurpación de identidad

Publicadomié, 16 sept 2026, 1:08 a. m.
El auge de las «telenovelas» con IA en República Dominicana: entre la parodia digital y la usurpación de identidad

El ecosistema digital dominicano atraviesa una transformación tan fascinante como alarmante. La inteligencia artificial ha dejado de ser un mero recurso de retoque para consolidarse como un motor narrativo en redes sociales, dando origen a las denominadas «series virtuales» o «telenovelitas». En estas producciones, personalidades como Amelia Alcántara, Vitaly Sánchez, Caro Brito, Jenn Quezada y Candy Flow aparecen como protagonistas de conflictos ficticios, romances inventados o escenas dramáticas que jamás tuvieron lugar, planteando serias dudas sobre los límites de la creación de contenido.

La delgada línea entre la sátira y la clonación digital

El problema central radica en el nivel de hiperrealismo que alcanzan las voces, gesticulaciones y ambientaciones recreadas mediante algoritmos. El especialista en mercadeo y tecnologías emergentes, Javier Molina, subraya que estas plataformas procesan el rostro no como una entidad humana, sino como un conjunto de datos matemáticos: «Una fotografía puede bastar para lograr una semejanza creíble; el resultado final no es un retoque, sino una imagen inédita con un rostro real».

Para Molina, la facilidad de acceso a estas herramientas ha trasladado el problema de la capacidad técnica al plano de la ética. La cultura digital siempre se ha nutrido de la parodia y el meme, pero recrear a una persona interactuando en situaciones comprometedoras cruza la frontera de la inspiración y entra en el terreno de fabricar una versión falsa de un individuo, con el agravante de que «la mentira viaja más rápido que cualquier desmentido».

Vacíos y garantías en el marco legal dominicano

Frente al argumento de que la notoriedad pública anula la privacidad, el abogado y especialista legal Jaime Senior precisa que la exposición mediática no otorga una carta blanca para manipular identidades. Aunque una figura pública esté sujeta a un mayor escrutinio, sus derechos fundamentales siguen intactos.

Senior recuerda que la Constitución dominicana, en su artículo 44, consagra el derecho a la intimidad, el honor y el buen nombre. Paralelamente, el artículo 52 de la Ley 65-00 sobre Derecho de Autor prohíbe taxativamente la exhibición o explotación comercial del retrato o imagen de una persona sin su previo consentimiento expreso. Difundir un video o una foto en plataformas abiertas no equivale a donar los rasgos faciales para entrenar modelos predictivos ni autoriza a terceros a inventar discursos o testimonios, incluso cuando se coloque la etiqueta de «creado con IA».

Cuando la realidad se vuelve sospechosa

El alcance de estas narrativas digitales ya ha tocado fibras sensibles, tomando como insumo disputas familiares ficticias entre Yailin La Más Viral y su madre, Wanda Díaz, o relatos en torno al matrimonio del exbeisbolista de Grandes Ligas Edwin Encarnación y la comunicadora Karen Yapoort. La proliferación de estos contenidos ha desatado una paradoja inquietante: no solo se logra hacer pasar una ficción como un hecho verídico, sino que ahora las declaraciones legítimas de las figuras públicas son recibidas con sospecha por una audiencia incapaz de discernir entre lo genuino y lo sintético.

El desafío judicial futuro se concentrará en depurar responsabilidades entre creadores, difusores y plataformas, en un entorno donde la velocidad de propagación supera con creces la capacidad técnica de detección. La lección de esta nueva era digital es contundente: aunque el contenido circule en la red de forma abierta, la identidad y la imagen de una persona permanecen bajo su exclusiva soberanía.