El reto de los artesanos dominicanos: cómo conquistar una mayor tajada de la multimillonaria industria turística

El auge turístico de la República Dominicana continúa marcando cifras históricas, pero el impacto directo de esta bonanza sobre los pequeños productores locales aún navega entre el potencial y la incertidumbre. Entre enero y septiembre de 2026, el país registró la llegada de 9,241,246 visitantes —un incremento interanual del 7.5 %—, generando ingresos que rozaron los US$9,700 millones, según datos del Banco Central. No obstante, surge una interrogante crucial en el tejido productivo: ¿cuánto de este dinamismo se traduce realmente en ingresos tangibles para los artesanos que plasman la identidad criolla?
Materia prima nacional con sello criollo
Para emprendedores como Elizabeth Medrano, propietaria de Renace Jabones Orgánicos, el flujo de viajeros representa un pilar de subsistencia. Con dos años en el mercado elaborando productos a base de manteca de cacao y aceites naturales, Medrano señala que los turistas representan cerca del 50 % de su facturación total. Aunque comercializa principalmente de forma independiente y a través de redes sociales, su meta inmediata es abrirse paso en los anaqueles de supermercados y grandes cadenas hoteleras, un canal todavía esquivo para la mayoría de los pequeños talleres independientes que buscan transitar de la venta informal al mayoreo formal.
Un derrame económico aún sin cuantificar
La industria turística reportó compras de bienes y servicios en el mercado dominicano por un valor de RD$220,000 millones durante 2025, según registros de la Asociación de Hoteles y Turismo de la República Dominicana (Asonahores). Sin embargo, Aguie Lendor, vicepresidenta ejecutiva de la entidad, puntualiza que este monto abarca la totalidad de adquisiciones de la economía y no un renglón exclusivo para la artesanía, ya que el gasto en recuerdos suele operar como una transacción directa entre el turista y el creador, lo que dificulta medir su volumen exacto.
Lendor destaca que los complejos hoteleros han abierto espacios semanales para exhibiciones y que se contemplan integraciones en iniciativas gastronómicas como el Restaurant Week. No obstante, la ejecutiva enfatiza que la formalización fiscal y operativa sigue siendo el principal cuello de botella para que los artesanos puedan suplir de manera continua a tiendas de regalos (gift shops) y terminales de cruceros, razón por la cual se impulsan programas de capacitación técnica junto al INFOTEP para estandarizar la calidad de las piezas.
La competencia foránea en los escaparates caribeños
El desafío para la producción vernácula no se limita a la logística o al registro tributario; también se libra frente a la mercancía importada que comparte los escaparates turísticos. Negocios como Punto Coral, representado por Andris Rosario, operan bajo modelos de distribución mayorista en el país comercializando accesorios y joyería elaborados con conchas marinas procedentes de Filipinas, Tailandia y las Islas Salomón. Este modelo foráneo evidencia la creciente competencia que enfrentan las manufacturas nativas en los puntos de venta masivos.
Para que la artesanía dominicana deje de ser una presencia esporádica en ferias y se convierta en un eslabón permanente del desarrollo económico, el sector requiere políticas de compras inclusivas y un acompañamiento decidido que garantice que la riqueza generada por el turismo se quede en las manos de quienes moldean la cultura nacional.