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El salvavidas económico: la verdadera razón tras el agresivo impulso de Trump a la inteligencia artificial

Publicadovie, 18 sept 2026, 2:45 p. m.
El salvavidas económico: la verdadera razón tras el agresivo impulso de Trump a la inteligencia artificial

A pesar del creciente escepticismo de amplios sectores de la población estadounidense —particularmente frente al impacto ambiental y la instalación masiva de centros de datos en comunidades locales—, la administración de Donald Trump ha optado por meter el acelerador a fondo en el desarrollo desregulado de la inteligencia artificial (IA). Aunque a nivel político la postura luce desafiante en un año de tensiones electorales, la motivación de fondo responde a un dilema mucho más profundo: la economía de los Estados Unidos se ha vuelto peligrosamente dependiente del frenesí tecnológico para sostener su crecimiento.

Un motor indispensable para Wall Street y el PIB

Las cifras explican con claridad el nivel de exposición que enfrenta el país norteamericano. Estimaciones de la firma financiera ING proyectan que las inversiones tecnológicas vinculadas a la IA y a la infraestructura de centros de datos representarán nada menos que un tercio de la expansión económica interanual hacia 2026. Al mismo tiempo, análisis de la firma Goldman Sachs destacan que este segmento es responsable de aproximadamente la mitad de todo el crecimiento de beneficios registrado por las empresas del índice S&P 500.

Especialistas coinciden en que, sin el impulso que genera esta ola de innovación y capital, el panorama financiero estadounidense estaría coqueteando abiertamente con la recesión. Este dinamismo alimenta lo que los economistas denominan el «efecto riqueza»: con carteras bursátiles valoradas en máximos históricos gracias a las gigantes tecnológicas, los consumidores se sienten más respaldados financieramente y mantienen el consumo elevado, apuntalando el engranaje del mercado interno.

El riesgo de que la música se detenga

No obstante, la alta concentración de capital también enciende señales de alerta. La calificadora Fitch Ratings evaluó recientemente un escenario hipotético en el que un enfriamiento drástico del sector desencadenara una caída del 35 % en la renta variable en un semestre. Dicha contracción llevaría de inmediato a la economía a una recesión, provocando una caída del 1,5 % en el Producto Interno Bruto durante el próximo año.

Olu Sonola, director de investigación económica para EE. UU. en Fitch Ratings, advierte que si este flujo se detiene de forma tajante, el país podría enfrentar estancamiento o contracción prolongada. A su juicio, el riesgo de una burbuja accionaria no es menor, especialmente en un contexto global marcado por altos niveles de endeudamiento público, presiones inflacionarias y tensiones geopolíticas de envergadura.

Interconexión y visiones encontradas

Para analistas como John Sedunov, profesor de finanzas en la Universidad Villanova, la principal vulnerabilidad radica en la interdependencia del ecosistema tecnológico actual, donde el tropiezo de un solo eslabón corporativo puede arrastrar a toda la cadena de valor que financia el despliegue de la IA.

Sin embargo, el optimismo aún prevalece entre otros círculos académicos. Jessica Wachter, catedrática de la Wharton School en la Universidad de Pensilvania, sostiene que el fenómeno no debe compararse con catástrofes financieras pasadas como la crisis hipotecaria de 2008. Desde su perspectiva, los avances en productividad que promete la inteligencia artificial actuarán a mediano y largo plazo como una fuerza estabilizadora para el mercado laboral y la expansión económica, justificando la prisa de Washington por mantener encendido el motor de la innovación.