jueves, 5 de noviembre de 2026
ZN.

LaZona.com.do

Las dos caras de la pobreza dominicana: el Gran Santo Domingo acumula la masa y el sur profundo sufre la mayor severidad

Publicadojue, 5 nov 2026, 7:08 a. m.
Las dos caras de la pobreza dominicana: el Gran Santo Domingo acumula la masa y el sur profundo sufre la mayor severidad

El mapa socioeconómico de la República Dominicana muestra una evidente paradoja territorial. Aunque los datos oficiales del Ministerio de Hacienda y Economía confirman una reducción en la pobreza monetaria a nivel nacional —situándose en un 17.3 % durante 2025 frente al 19 % del 2024, lo que permitió a 172,346 personas salir de dicha condición—, la distribución geográfica de los ingresos sigue dibujando un país profundamente desigual.

La región Ozama, que abarca el Gran Santo Domingo y el Distrito Nacional, agrupa a 861,138 personas bajo la línea de pobreza monetaria, lo que representa el 42.68 % del total nacional. Este fenómeno responde directamente a la concentración demográfica: solo el municipio de Santo Domingo Este suma alrededor de 183,950 ciudadanos pobres, una cifra que sobrepasa por sí sola la sumatoria conjunta de las provincias fronterizas de Pedernales, Independencia, Elías Piña, Dajabón y Monte Cristi (104,738 personas). A nivel de la capital, Santo Domingo de Guzmán registra 175,521 personas en pobreza, seguido por Santo Domingo Norte con 159,175 y Los Alcarrizos con 76,787.

La crudeza de la frontera frente a la periferia urbana

Si bien la urbe acumula el volumen absoluto, la intensidad y profundidad del flagelo recae con crudeza sobre el suroeste y la zona fronteriza. Enriquillo y El Valle marcan las tasas relativas más alarmantes, con un 28.92 % y un 26.20 %, respectivamente. En estas demarcaciones, los hogares pobres apenas perciben entre el 66.6 % y el 69.3 % del ingreso mínimo requerido para cubrir la canasta básica, alejándolos severamente del umbral de superación, en contraste con el Cibao, donde la brecha es menor.

La disparidad alcanza extremos notables entre localidades: mientras el municipio de Tenares (Hermanas Mirabal) ostenta la tasa más baja de pobreza con un 6.35 %, el distrito municipal José Francisco Peña Gómez, en Pedernales, se dispara hasta un 77.87 %, reflejando una brecha de 71.52 puntos porcentuales. Asimismo, persisten brechas internas en demarcaciones como Elías Piña, donde Bánica marca un 16.34 % frente al 71.17 % de Guanito.

Vulnerabilidad de género, infancia y retos de desarrollo

El estudio advierte que las disparidades no son exclusivamente geográficas. Las mujeres siguen experimentando mayores tasas de pobreza monetaria (18.6 %) que los hombres (15.9 %), con una brecha que creció a 2.7 puntos porcentuales en 2025. Asimismo, los hogares con jefatura femenina presentan un 14.7 % de incidencia frente al 10.9 % de aquellos liderados por hombres, lastrados por la sobrecarga del trabajo doméstico no remunerado y las labores de cuidado. En tanto, la niñez continúa siendo el grupo etario más vulnerable: el 30.1 % de los menores de 15 años vive en condiciones precarias.

Frente a este panorama, representantes de organismos multilaterales destacan que el reto económico trasciende las cifras de crecimiento del Producto Interno Bruto. Desde el Banco Mundial, Carolina Redondo enfatizó que la discusión central radica en garantizar que los beneficios de la expansión económica permeen hacia los estratos más vulnerables para facilitar una transición equitativa hacia el estatus de país de ingreso alto.

Por su parte, Nathalie Alvarado, portavoz del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), planteó que para consolidar el desarrollo la nación debe superar tres barreras estructurales prioritarias:

  • Romper la trampa del ingreso medio: impulsando la productividad, la innovación y el fortalecimiento del capital humano.
  • Desconcentrar la matriz productiva territorial: mitigando el hecho de que más de la mitad de la producción nacional se genere en apenas el 11 % del territorio.
  • Desarrollar el talento joven: cerrando la brecha de mano de obra calificada que demanda el sector empresarial y atendiendo el porcentaje de jóvenes desvinculados del estudio y el empleo formal.

El escenario exige una política pública de doble impacto: programas sociales de alta escala para atender la masiva periferia metropolitana y reformas estructurales profundas en la frontera para erradicar la pobreza endémica.