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EE. UU. culmina el retiro de sus tropas en Irak tras más de dos décadas de presencia militar

Publicadomié, 30 sept 2026, 2:45 a. m.
EE. UU. culmina el retiro de sus tropas en Irak tras más de dos décadas de presencia militar

Estados Unidos ha fijado el punto final a una era que transformó radicalmente la geopolítica de Medio Oriente. Con el repliegue definitivo de sus últimas fuerzas sobre suelo iraquí, Washington cierra formalmente un ciclo militar de más de dos décadas, iniciado con la invasión de 2003 que derrocó al régimen de Saddam Hussein y extendido a lo largo de sangrientos episodios de insurgencia, guerras sectarias y operaciones antiterroristas.

El repliegue responde al pacto alcanzado en 2024 entre Washington y Bagdad para dar por concluida la Operación Resolución Inherente, la coalición internacional constituida para frenar el avance del Estado Islámico (EI). La huella militar estadounidense, que en su punto más álgido en 2007 llegó a movilizar a más de 170,000 soldados en territorio iraquí, se había reducido a unos 2,400 efectivos hacia finales de 2023, replegados principalmente en bases estratégicas del Kurdistán iraquí antes de la culminación del cronograma de salida.

Seguridad y presiones geopolíticas aceleraron la partida

Aunque la narrativa oficial enmarca la salida en el cumplimiento de los objetivos contra el Estado Islámico, analistas coinciden en que el factor determinante ha sido la seguridad operativa ante la hostilidad regional. En los últimos meses, el personal militar estadounidense quedó expuesto al fuego cruzado de ataques con drones y cohetes perpetrados por milicias chiitas vinculadas a Teherán.

Especialistas en defensa destacan que, con un contingente tan reducido, las tropas operaban más como un blanco vulnerable que como un factor disuasorio efectivo. Asimismo, sucesivos gobiernos iraquíes habían enfrentado una insistente presión interna por parte de sectores proiraníes en el Parlamento para poner fin a una presencia castrense catalogada por sus detractores como una vulneración a la soberanía nacional.

El balance de dos décadas: ¿estabilidad o fragmentación?

El legado estadounidense en Irak continúa generando encendidos debates. Para defensores del proceso político iniciado tras 2003, la intervención erradicó una tiranía implacable y sembró las bases institucionales para un sistema de democracia representativa y mayor libertad civil, destacando los avances autonómicos en la región kurda.

Sin embargo, analistas más críticos sostienen que la invasión detonó una fractura estructural irreversible en la región. El desmantelamiento del Estado iraquí facilitó la infiltración de redes de poder iraníes en las instituciones locales y creó el caldo de cultivo para el extremismo sectario. Irak sigue combatiendo altos índices de corrupción y la influencia desmedida de las Fuerzas de Movilización Popular (FMP), poderosas milicias armadas que el gobierno central aún pugna por someter a la disciplina estatal.

La influencia de Washington continuará por otras vías

El adiós a los uniformes de combate no implica la desaparición de la influencia estadounidense. Irak mantiene una profunda subordinación financiera al dólar para canalizar sus cuantiosas ventas de crudo, depende del suministro de repuestos militares y requiere del respaldo diplomático occidental frente a sus vecinos.

Además, Estados Unidos mantendrá su gigantesca embajada en Bagdad —el complejo diplomático más grande del planeta— junto a su consulado en Erbil, respaldando programas de asesoría civil, formación táctica y coordinación antiterrorista con las fuerzas kurdas e iraquíes. El gran interrogante que se cierne sobre el país es si las fuerzas armadas locales podrán contener tanto a las células latentes del extremismo islámico como a las facciones milicianas armadas, en un escenario regional que no da señales de tregua.