Pedro Alliana toma el timón de Paraguay tras la caída de Santiago Peña y la crisis de Ueno Bank

En una jornada de alta tensión institucional en Asunción, Pedro Alliana prestó juramento este viernes como nuevo presidente de la República del Paraguay. El cambio de mando se produjo de forma vertiginosa luego de que el Congreso Nacional destituyera a Santiago Peña, quien quedó en el centro de la tormenta política por presuntos conflictos de interés ligados al conglomerado financiero que controla Ueno Bank.
La destitución de Peña se precipitó tras la intervención del Banco Central a dicha entidad privada por severos problemas de solvencia, una medida que congeló los ahorros de millones de ciudadanos e instituciones del Estado. Ante la indignación popular en las calles, el Senado avanzó con celeridad hacia el juicio político. En su discurso inaugural, Alliana buscó aplacar los ánimos garantizando que los afectados no quedarán desamparados: "Los compatriotas que hoy atraviesan un momento difícil a causa del descalabro financiero serán compensados plenamente", aseveró ante el hemiciclo legislativo.
Un líder del territorio frente al tecnócrata
A pesar del colapso de la administración de Peña, el histórico Partido Colorado (Asociación Nacional Republicana - ANR) logró capear el temporal y retener la jefatura del Estado. Alliana representa una faceta completamente distinta a la de su predecesor: mientras que Peña proyectaba el perfil de un técnico formado en las finanzas internacionales, el nuevo mandatario es visto como un hombre forjado en las bases de la militancia partidaria.
Nacido en Pilar, en el departamento de Ñeembucú —una localidad fronteriza con Argentina—, Alliana construyó su carrera política desde la gobernación departamental en 2008 hasta alcanzar un escaño en la Cámara de Diputados en 2013, cuerpo que llegó a presidir. Su arraigo en el interior del país y su dominio de las estructuras internas coloradas le otorgaron una influencia decisiva que hoy lo catapulta al Palacio de López.
La recomposición interna y la mirada puesta en 2028
El ascenso de Alliana no puede entenderse sin la gravitación del expresidente Horacio Cartes, figura de enorme peso en el oficialismo paraguayo. Aunque en las semanas previas existieron fricciones entre ambos por la configuración de futuras candidaturas, la crisis financiera aceleró un reacomodo pragmático: Cartes y Alliana cerraron filas para respaldar la salida de Peña y evitar que la debacle arrastrara al partido.
El flamante mandatario enfrenta de inmediato el reto de devolver la estabilidad al sistema financiero y mitigar el impacto social de la caída de Ueno Bank. Al mismo tiempo, Alliana —quien ya contemplaba disputar la presidencia en 2028— tiene en sus manos la tarea de consolidar su propio liderazgo y blindar el dominio del coloradismo en el tablero político paraguayo.