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Invertir en América Latina hacia finales de 2026: tres catalizadores clave y tres riesgos latentes

Publicadolunes, 7 de septiembre de 2026, 8:00 a. m.
Invertir en América Latina hacia finales de 2026: tres catalizadores clave y tres riesgos latentes

América Latina se posiciona en una fase decisiva de cara al cierre de 2026. A diferencia de ciclos anteriores marcados por la volatilidad desbordada, la región exhibe hoy una combinación de disciplina monetaria, apetito por minerales críticos y agendas gubernamentales más receptivas al capital privado. Sin embargo, este atractivo dista de ser homogéneo: las firmas de inversión apuestan por una estrategia quirúrgica que prioriza plazas andinas mientras mantiene una postura vigilante frente a los gigantes de la zona.

Tres frentes de oportunidad: reformas, transición verde y rigor monetario

El primer motor responde al reordenamiento político y el desbloqueo de reformas estructurales. Perú encabeza las preferencias del consenso financiero internacional tras la consolidación de un entorno favorable a la inversión con la administración de Keiko Fujimori. La plaza peruana cuenta con una cartera minera proyectada en torno a los US$64.000 millones —equivalente al 16% de su PIB— junto a otros US$40.000 millones comprometidos en proyectos de infraestructura mediante ProInversión hacia 2028. En paralelo, Colombia y Chile comienzan a ganar terreno en las carteras de firmas como Bank of America y VanEck, apoyadas en valoraciones castigadas y expectativas de ajustes regulatorios favorables al mercado.

El segundo catalizador descansa en la transición energética global y la revolución de la inteligencia artificial. La región concentra cerca del 35% de la producción mundial de cobre y el 46% de las reservas globales de litio, materias primas indispensables para la infraestructura de centros de datos y redes de electrificación. Mientras Chile y Perú canalizan la demanda cuprífera, Argentina amplía su atractivo con el litio y los hidrocarburos de la mano de compañías como YPF y Pampa Energía. A esto se suma el poderío de Brasil, que junto a Guyana lidera el crecimiento petrolero sudamericano al tiempo que expande su matriz eólica, solar y de biocombustibles.

El tercer pilar lo compone la solvencia macroeconómica. Los bancos centrales latinoamericanos han demostrado independencia y rigor técnico en el cumplimiento de sus metas de inflación, permitiendo anclar las monedas locales —donde el peso colombiano y el peso mexicano han mostrado notable fortaleza— sin necesidad de recurrir a incrementos drásticos en las tasas de interés. Asimismo, la baja penetración del crédito privado en países como Perú (33% del PIB) y Argentina (12%) abre una ventana de expansión financiera a largo plazo frente a mercados más bancarizados como Chile (88%).

Tres riesgos en el horizonte: elecciones, fragilidad fiscal y geopolítica

A pesar de las oportunidades, los gestores de fondos advierten que comprar la región de manera indiscriminada sería un error de cálculo. El primer gran escollo radica en la incertidumbre política. Brasil encara elecciones presidenciales altamente polarizadas y virtualmente empatadas para octubre, donde analistas de BMI señalan que el principal peligro no es necesariamente la inestabilidad institucional, sino la parálisis legislativa para aprobar reformas urgentes. Una cautela similar rodea a la Argentina de Javier Milei, donde la sostenibilidad del programa exportador deberá revalidarse en el calendario electoral de 2027.

La segunda amenaza reside en el deterioro de las cuentas públicas. El endeudamiento estatal presiona los márgenes de maniobra, con la deuda pública brasileña perfilándose hacia un 81,4% del PIB para 2026, altamente indexada a tasas flotantes. En el caso de México, entidades como Bank of America han rebajado su exposición a infraponderar ante la debilidad económica, las dudas sobre el futuro del T-MEC y el pasivo financiero de Pemex, un lastre que mantiene en alerta a las calificadoras de riesgo.

Por último, las presiones exógenas y climáticas completan el cuadro de cautela. El impacto de un fenómeno de El Niño severo amenaza la productividad agrícola y pesquera en la costa del Pacífico, con efectos directos sobre la inflación de alimentos en Perú y Chile. En el terreno internacional, la volatilidad de los precios del crudo ante las tensiones en Oriente Medio y la creciente pugna comercial entre Estados Unidos y China —con Pekín afianzando su hegemonía en el sector de vehículos eléctricos y renovables en Brasil y Perú— obligan a los inversores a ponderar con extrema precisión el momento de entrada en los mercados latinoamericanos.