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Entre el sustento y el caos: Radiografía del imperio de las motocicletas en el tránsito dominicano

Publicadoviernes, 4 de septiembre de 2026, 7:00 a. m.
Entre el sustento y el caos: Radiografía del imperio de las motocicletas en el tránsito dominicano

Para amplios sectores de la sociedad dominicana, desplazarse o enviar un paquete a tiempo sería una tarea imposible sin una motocicleta. Este medio de transporte, a menudo catalogado por sus propios protagonistas como un «mal necesario», se ha consolidado como la arteria principal del dinamismo urbano en el país, sorteando el sofocante tráfico de las principales ciudades y generando el sustento directo de cientos de miles de familias.

Una hegemonía incuestionable en las cifras

El predominio de las dos ruedas en el territorio nacional ya no es un asunto de mera percepción ciudadana, sino una realidad estadística contundente. Al cierre del año 2025, el parque vehicular de la República Dominicana alcanzó las 6,640,871 unidades, de las cuales 3,846,694 correspondían a motocicletas, lo que representa un masivo 57.9 % del total de vehículos registrados ante la Dirección General de Impuestos Internos (DGII).

Lejos de desacelerarse, la brecha continúa expandiéndose a ritmo acelerado. Durante 2025, las motocicletas concentraron el 70.4 % de los nuevos registros en el sistema con 314,727 unidades, registrando un incremento interanual del 25.2 % frente a 2024. Este comportamiento contrasta notablemente con el segmento de los automóviles tradicionales de nuevo ingreso, que sufrió una contracción del 15.1 % en ese mismo período.

El asfalto como espacio de supervivencia

Detrás del imponente volumen de motores circulan historias de supervivencia laboral diaria. Para trabajadores como Wilkin Sánchez, la paradoja es evidente: «El motorista es un mal necesario; la sociedad se queja, pero lo necesita», explica, aludiendo a la inmediatez que exige el comercio y la mensajería local.

En las plataformas de reparto, la dinámica es similar. Jonas, repartidor de PedidosYa, destaca que este oficio garantiza liquidez inmediata: «Es un trabajo que me permite ver mis ganancias... vamos a ver dinero a diario», detalla, aunque admite que el beneficio viene acompañado de fiscalizaciones constantes y roces en la vía pública. Por su parte, Ricky Acosta subraya que la rentabilidad coexiste con insultos frecuentes y un factor ambiental implacable: el sol y las altas temperaturas que azotan a quienes no cuentan con cabina climatizada.

La disputa por el carril: tensión y propuestas de orden

La convivencia vial entre vehículos de cuatro ruedas y motocicletas sigue siendo el punto más crítico en las calles dominicanas. La pugna por el espacio genera situaciones de alto riesgo, muchas veces acentuadas por el deterioro del transporte público tradicional. Conductores como Joel Rosario denuncian la agresividad de antiguos carros de concho, cuyos choferes suelen actuar como si la calle les perteneciera por completo.

Para quienes no viven del transporte pero utilizan el motor como vehículo utilitario, la experiencia no dista de ser alarmante. Bruno de la Cruz, quien se traslada diariamente en motocicleta hacia su puesto de trabajo, describe la rutina como «una especie de lotería» debido a la vulnerabilidad física ante un choque y a la imprudencia generalizada de otros conductores. Frente a esta problemática, De la Cruz plantea la necesidad de crear carriles exclusivos para motocicletas, trazando una analogía con las ciclovías para ordenar el flujo vehicular y reducir la siniestralidad.

La encrucijada del tránsito dominicano no muestra señales de resolución inmediata. Mientras la motocicleta siga constituyendo la vía más rápida para sortear tapones y generar ingresos diarios, la convivencia pacífica y el ordenamiento territorial continuarán siendo una de las tareas pendientes más urgentes para las autoridades viales.