sábado, 7 de noviembre de 2026
ZN.

LaZona.com.do

La fábula de San Sepulcro: cuando el poder prefiere sepultar el pensamiento antes que educar

Publicadosáb, 7 nov 2026, 4:56 a. m.
La fábula de San Sepulcro: cuando el poder prefiere sepultar el pensamiento antes que educar

En los anales del absurdo administrativo, la historia del municipio de San Sepulcro del Cambio se erige como una mordaz advertencia sobre el costo de priorizar los ingresos fiscales por encima del desarrollo humano. Bajo el liderazgo del alcalde Próspero Sepúlveda y las frías cuentas del tesorero Evaristo Romero, el cabildo local determinó que sostener tres bibliotecas representaba una pérdida presupuestaria injustificada: los lectores consumían energía eléctrica, ocupaban mobiliario y, peor aún, salían de las salas de lectura exigiendo agua potable, asfaltado y servicios eficientes. En contraste, el negocio mortuorio ofrecía contribuyentes ejemplares que jamás protestaban ni cuestionaban una factura.

El canje del saber por las capillas

Con el respaldo de un cuerpo de regidores complaciente, el ayuntamiento aprobó una resolución que sentó un funesto precedente: declarar los libros como «material de ocupación improductiva» y transformar los centros de lectura en funerarias y nichos municipales. Pese a la solitaria y enérgica oposición de doña Mercedes Librado —quien durante casi cuatro décadas custodió las letras locales y advirtió que una sociedad que apaga sus bibliotecas cava la tumba de su propia inteligencia—, el concejo municipal selló el destino de la comunidad con once votos a favor. Las salas infantiles y de historia dieron paso a capillas ardientes con nombres de descanso eterno, mientras los volúmenes literarios terminaron vendidos al peso o utilizados como calzos para ataúdes.

Un modelo económico insostenible

El florecimiento del esquema fúnebre pronto cobró su factura real. La administración municipal concentró todo su empeño en planes exequiales y recaudaciones tributarias a perpetuidad, desatendiendo las redes de agua potable, el mantenimiento escolar y la recogida de desechos sólidos. Cuando la disidencia comunitaria intentó manifestarse ante el colapso de los servicios básicos, la respuesta oficial fue el elogio constante al silencio de los cementerios, equiparando la ausencia de reclamos ciudadanos con una gestión pública impecable. La persecución a quienes intentaban preservar la lectura clandestina provocó un éxodo masivo: maestros, profesionales de la salud, mecánicos y jóvenes abandonaron el territorio, dejando un padrón compuesto únicamente por difuntos y deudas pendientes.

El colapso final del silencio

El desenlace de San Sepulcro del Cambio desnuda la trampa del autoritarismo pragmático. El propio alcalde Sepúlveda terminó sus días como el último habitante de un municipio fantasma, rodeado de recaudaciones récord pero desprovisto de vida social, energía eléctrica o sucesores institucionales. La metáfora deja una lección indeleble para la gestión pública contemporánea: cualquier proyecto estatal que interprete el pensamiento crítico como un peligro y prefiera la sumisión ciudadana a la educación, podrá construir cementerios ordenados, pero habrá liquidado irremediablemente el porvenir de su pueblo.