La era del 'totalitarismo total': cómo la inteligencia artificial redefine la concentración del poder global

En 2017, una advertencia geopolítica resonó con fuerza: quien logre dominar la inteligencia artificial terminará gobernando el mundo. Casi una década después, los hechos parecen confirmar esa premisa. El abogado, filósofo político y académico Pedro Salazar plantea en su obra Totalitarismo total que la irrupción de esta tecnología no representa una simple transformación de los esquemas de producción o del mercado laboral, sino un salto cualitativo hacia una concentración de poder sin precedentes históricos, donde convergen el control económico, ideológico y estatal.
A diferencia de las revoluciones industriales precedentes, la IA ostenta la capacidad de moldear percepciones, distorsionar la opinión pública y difuminar los límites de la realidad fáctica. Esta mutación plantea un reto existencial para las democracias liberales, sobre todo ante la progresiva normalización de su uso en el terreno bélico y coercitivo.
Automatización de la fuerza y vacíos legales
El despliegue de sistemas inteligentes en operaciones militares y de seguridad ha dejado de ser materia de ciencia ficción. Desde ataques selectivos ejecutados mediante drones autónomos en zonas de conflicto como Ucrania y Oriente Medio, hasta maniobras tácticas de extracción y vigilancia marítima, el uso letal de la tecnología se expande con rapidez.
Este escenario genera dilemas jurídicos de gran escala: a medida que los algoritmos adquieren autonomía en la toma de decisiones críticas, la línea de responsabilidad entre programadores, corporaciones proveedoras y mandos militares se diluye, dificultando la rendición de cuentas ante eventuales crímenes de guerra o vulneraciones a tratados internacionales.
La pugna hegemónica: Washington y Pekín
El tablero global actual está marcado por dos grandes polos que compiten por el liderazgo absoluto de la computación avanzada:
- China: Un modelo donde la industria tecnológica está subordinada formalmente a la planificación y a los intereses estratégicos del Estado, orientada a la supervisión ciudadana y al control social integral.
- Estados Unidos: Un ecosistema donde la relación entre la Casa Blanca y los gigantes de Silicon Valley se ha vuelto cada vez más explícita, generando alianzas donde los magnates tecnológicos proyectan un poder que trasciende los periodos presidenciales.
Frente a estos gigantes, Europa ha quedado rezagada debido a marcos normativos lentos frente a la velocidad de la innovación, mientras que América Latina continúa como espectadora y consumidora, sin proyectos de desarrollo tecnológico propio y con una institucionalidad frágil ante tentaciones de control y vigilancia ciudadana.
Erosión democrática y la sustitución de los vínculos humanos
En el plano cívico, la mediación algorítmica de la conversación pública debilita las condiciones necesarias para la deliberación democrática. Al alimentar sesgos y polarizar a la ciudadanía, se abren las puertas a lo que teóricos denominan "pleonocracias": regímenes donde mayorías circunstanciales, a menudo construidas artificialmente, socavan contrapesos institucionales e ignoran derechos fundamentales amparándose en el mandato de las urnas.
Como advertía la literatura distópica del siglo XX, el último contrapeso frente a las lógicas deshumanizantes del control totalitario radica en la autenticidad de los afectos y la solidaridad humana. Sin embargo, la creciente tendencia a canalizar vínculos emocionales a través de sistemas sintéticos y asistentes virtuales no solo mercantiliza la intimidad, sino que provee a las corporaciones de insumos de datos invaluables, consolidando una maquinaria de control que apenas comenzamos a descifrar.